2015.12.09… Bus a Hurghada

Bajamos a desayunar a las 7 como siempre, y cuando acabamos foto con los gemelos alemanes… jejeje que majetes.

1178. Katz y los gemelos alemanes, Htl Oriental Bay, Marsa Alam

A la habitación a hacer maletas, y con tiempo vamos a recepción a ver si pueden avisar al bus público que va a Hurghada para que pare en el hotel para cogerlo nosotros. Primero nos dicen que no hay autobús que haga ese trayecto, cuando le decimos que sabemos seguro que hay dos y le damos los datos, el chico nos dice que es verdad pero que sólo existe el primero de los que le hemos dicho. Le decimos que por favor entonces llame a ese para que pare, y nos dice que no, que no hacen paradas así en los hoteles, que tenemos que coger un taxi hasta Marsa Alam ciudad y montarnos en el bus allí mismo. Mientras un compañero suyo de recepción nos dice que es peligroso. Y además nos dicen que el trayecto es de más de 6 horas, y que en taxi son 3. Les miramos alucinados y nos vamos.

Ya fuera, hablando con Mustafa, le comentamos que no nos quieren hacer ese favor, que esperamos poder parar el bus aún sin avisarle. Aparece por allí el del taxi y nos dice que nos lleva a la ciudad por 20 eur. Después de un rato nos lo baja a 15 y después a 10 eur. No pienso coger ese taxi, me ha caído muy mal el tipo ese.

Vemos que Mustafa hace unas llamadas con su móvil, y al poco nos dice que estemos tranquilos, que ha hablado con el chófer del bus y que va a parar allí. Nosotros no nos podemos creer que al final el último currela del hotel, el que menos gana (ayer mismo nos dijo que su sueldo era de 2 eur al día trabajando de 8 a 8 con una hora para comer), sea el que nos ayude. A las 10.25, le llaman y nos dice que era el del bus, que crucemos la carretera que está a punto de llegar. Cruzamos con las mochilas, y nos despedimos de este gran chaval. Katz intenta darle 10 eur, los que nos hubiese cobrado el taxista de haber tenido que ir a la ciudad, pero no los coge diciendo que somos sus amigos.
Al final acabamos los dos en el bus llorando de ver cómo hay gente que aún sin tener nada te da todo.

Tres horas y media después (y varias paradas para recoger a gente), llegamos a Hurghada. Nos avisan para que bajemos del bus, y empezamos a andar. Nos para un taxista para ver si puede llevarnos, y le decimos que no que vamos andando, pero consultamos el precio para ir al aeropuerto y nos apuntamos su tlf por si acaso.

Tenemos suerte porque el hotel está muy cerca, así que andamos menos de 15 minutos. Al entrar, nos miran raro, y nos preguntan mirándonos de arriba a abajo si somos clientes.

El hotel es impresionante, muy bonito, y el recepcionista mucho más majo que los del otro hotel. Nos acompañan a la habitación, y nos volvemos a hacer los locos con la propina. Nos pide cambiarle monedas a billetes de euro, pero no tenemos ya. ¡Hay wifi gratis! Damos noticias después de casi una semana, y nos vamos a comer algo a la zona del snack… ellos la llaman así, porque ¡qué barbaridad! Pizzas y pasta al momento, sandwiches, perritos calientes, ensaladas, patatas fritas… ¡y crepes de postre!!!!!

Con la tripa llena, vamos a coger el bus gratuito que nos lleva a la playa. Aquí viene la decepción, puesto que no hay coral, ni peces ni nada… ¡acostumbrados a Marsa Alam esto es una mierda!!! Así que volvemos al hotel rápidamente, que hace fresco, y nos situamos hasta la hora de la cena, donde entramos a todos los restaurantes para ver qué tienen y elegir el que más nos guste jeje

Cuando cenamos, nos tomamos un gintonic para hacer tiempo a que empiece el espectáculo del hotel, tenemos curiosidad, ya que el escenario es inmenso con la copia de las principales atracciones turísticas de Egipto. Sin palabras, un espectáculo de un hotel con bailarines, derviches, caballos, camellos, iluminaciones, fuente con música y luces… ¡hasta fuegos artificiales!

1190. Saioa, Pano, Htl Alf Leila Wa Leila, Hurghada

De aquí a la cama que hemos aguantado mucho jajajajaja

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2015.12.08… Nemo en la realidad

Nos despertamos, y como siempre a hacer tiempo para el desayuno. Hemos quedado a las 08.30 con Osama para ir a la playa. Estamos allí como un clavo, llevamos en la mochila las gafas y los tubos, aunque yo si puedo cogeré unas gafas de donde vayamos porque las que tengo me molestan. No cogemos agua ni toallas para no ir cargados.

Llega Osama en un coche conducido por otro chico, y vamos para allá. Cuando estamos llegando nos empieza a decir que hay playas privadas, y públicas con entrada. Que a donde vamos hay varias playas, que a cuál queremos ir… le decimos que a la que él nos diga, que no sabemos. Y nos dice que vamos a la más barata que es de las mejores. Que la entrada son 5 eur por persona.

Katz le paga lo acordado (20 eur por los dos), y él se va y nos dice que cuando queramos que pasen a por nosotros le digamos al chico del bar que le avise. Vamos hacia unas tumbonas que nos han preparado en primera línea de playa, un poco a disgusto, ya que lo que nosotros pensamos que habíamos contratado era una excursión en la que él nadaba con nosotros explicándonos, y en algún sitio donde por lo menos hubiese agua gratis y gafas de buceo para elegir… (¡menos mal que había llevado las mías!) En cambio, realmente lo contratado es el transporte hasta la playa y punto. De hecho, nos hacen hasta pagar la entrada de la playa, porque Osama no lo ha hecho.

En fin, yo me tumbo a intentar coger calor, porque encima el día ha salido de nuevo ventoso, y no muy caluroso, así que me da un poco pereza el meterme ya al agua. Katz va sin demora.

Al cabo de un rato de perderle la pista, y ya que no me puedo juntar a él, decido meterme yo también a ver qué hay. Cuando el agua me llega por el muslo, me lanzo a nadar, y ya mismo empiezo a ver peces… ¡qué pasada, qué monos! Cómo se acercan…

Pero eso no es nada, cuando empieza a cubrir como un metro y medio, y siguiendo la línea del arrecife, empiezo a ver miles de peces diferentes, jo estoy flipando. Ahí me encuentro con Katz, que vuelve a la tumbona porque ha entrado bastante adentro y necesita descansar un rato, y me cojo sus gafas que no me hacen daño, aunque se me empañan constantemente.

Da igual, el sitio lo merece, gafas empañadas o no, es espectacular. Colores, formas, peces, todo se mezcla en mis ojos cuando sigo el arrecife hasta bastante adentro. No me imaginaba que esto pudiese existir. Un guiri intenta arrancar un trozo coral, le miro y le hago gestos de no no no, me ve y se va… La sensación es de paz, relax, incredulidad por estar ahí rodeada de peces que casi se dejan tocar… Cuando veo que estoy bastante alejada, y que me he quedado sola sin nadie a mi alrededor, decido volver.

Ya en la orilla, Katz y yo comentamos lo que hemos visto, y lo que más encaja con lo que hemos visto es lo que Katz dice: “Es que parece que estamos en una peli de dibujos animados como Nemo, es increíble que esto exista de verdad”.

Él vuelve al agua, y cuando vuelve a la tumbona me dice que ha visto una tortuga, me da rabia porque yo también quiero verla, y nos metemos los dos de nuevo. En el camino vemos una morena blanca, mantas rayas, y al final… ¡una tortuga!! Está en el fondo, comiendo las hierbas, pero parece grande… ¡qué bonita!!!!

Una vez en el coche, Katz le pide al chófer llamar a Osama para decirle que nos ha vendido algo que no era lo que nos había dicho, se pasan unos minutos discutiendo, y al final quedan para vernos esta tarde en el hotel a las 7, ya que mañana nos vamos. La verdad es que a mi me da ya igual, ha merecido la pena con creces el haber hecho snorkel ahí.

Cuando llegamos al hotel, saludamos a Mustafa, y nos vamos para la piscina. Charleta con Judo y Peter, y a la habitación para prepararnos para cenar.

Osama no ha aparecido, pero esto nos ha dejado rato para hablar con Mustafa de nuevo (me ha cambiado el nombre, me ha llamado Salomi jejejeje) y con Mido y su compañero, que nos invitan a un café.

Última noche en este hotel, y a la cama pronto que mañana nos espera un día interesante, tenemos que ir a Hurghada y aún no sabemos bien como…

2015.12.07… ¡Dudongos!!!

Como siempre, como un clavo a la hora del desayuno, y ya a las 8 esperando fuera al coche que tiene que pasar a por nosotros para empezar la excursión.

Ahí empezamos a hablar con Mustafa, el chico que ayuda a la gente a cruzar la carretera y que es un super fan de Cristiano Ronaldo. Cuando a las 08.15 no ha llegado el coche nos empezamos a preocupar, pero un rato después aparece.

Nos montamos y nos lleva al barco donde pasaremos hoy el día, y con el que tenemos 3 sesiones de snorkel incluidas. Cuando llegamos al barco alucinamos, está genial, y muy nuevo. Tiene muy buena pinta. Al poco llega el resto de la gente, 3 chicos y 2 chicas de Dinamarca, una pareja de señores mayores de Londres, y dos chicas no sabemos de donde. Se presenta el guía y empezamos el día.

1131. Excursión en bote 1132. Katz, Excursión en bote

El barco se mueve bastante, yo al final me tengo que tumbar para no marearme. Cuando estamos junto a la zona donde vamos a tirarnos al agua, de repente empiezan a avisarnos de que hay delfines. Vemos un montón, saltando a nuestro lado. Unos cinco minutos después, les dejamos tranquilos y nos vamos al primer sitio de snorkel. Hay una chica de las danesas y otra de las que no sabemos de donde son que no se bajan del mareo.

El resto, nos montamos en la zodiac, y nos llevan a la zona que vamos a ver. Una vez ahí cada uno se tira como puede, el agua está muy fría a ratos. Vemos un montón de peces incluido el pez tigre. Pero es una lástima, porque también vemos basura, mucha basura que compite con los peces.

Los daneses están cansados y se suben a la zodiac a mitad de recorrido, nosotros seguimos con la chica y la pareja de señores mayores hasta el barco.

De ahí, nos dirigimos a la otra zona, con la despedida de una tortuga que saca la cabeza mientras nada por la superficie. Cuando llegamos, hay unos 5 barcos como el nuestro y varias zodiacs con gente montada dando vueltas. Y es que están intentando ver algún dugongo.

Nos montamos nosotros también en nuestra zodiac, y vamos allá. En un momento dado, el guía nos dice “Saltad, saltad”, y todos al agua menos los señores mayores y yo, que no me ha dado tiempo porque no tenía puestas las aletas. Cuando me voy a tirar, el chico que conduce la zodiac me dice que no, que espere, y vamos con la zodiac más adelante.

Ahí nos dice que nos tiremos por el lado izquierdo de la lancha, voy yo la primera, caigo al agua, y de repente veo venir de frente al dugongo. Es enorme, pasa por mi lado y me pongo a nadar junto a él, empieza a llegar la gente detrás de él, todo esto en apenas unos segundos. Me paro porque el pobre animal me da pena, y yo ya le he visto bien, poco pero bien.

Empezamos a montarnos a la zodiac, y el chico desde arriba y Katz desde abajo, cada uno empieza a tirar a su forma intentando ayudarme, y no me escuchan ninguno… por suerte mi piercing del ombligo sigue ahí, ya que temía por él, y sólo tengo unos arañazos en la tripa.

Volvemos a la zodiac, me seco y subo a descansar. No se dónde está Katz, nos dicen que la comida está servida y que podemos bajar a coger. Pregunto por Katz y me dicen que está haciendo snorkel, así que me pongo a comer. Cuando viene ya hemos acabado todos de comer, y nos dice que ha visto una tortuga. ¡Qué envidia! Me voy yo sola a nadar un poco a ver si veo yo algo, que si espero un poco más me va a dar pereza, y mientras Katz se queda comiendo. No veo ninguna tortuga. Subo al barco y ya me quedo ahí secándome, Katz aprovecha a meterse de nuevo.

1147. Excursión en bote

Al rato nos volvemos a tierra firme y ya nos están esperando ahí. Nos despedimos de los señores de Londres, muy majos ellos, y nos montamos en el coche. De camino al hotel, Katz le dice al chico que conduce que a ver si puede llamar a Osama, y quedamos con él en hacer mañana otra excursión.

Llegamos al hotel y otro rato de charla con Mustafa.

1173. Katz, Mustafa y Saioa, Htl Oriental Bay, Marsa Alam

De ahí a la habitación, ducha, cena y a ver el espectáculo de Fakir, con cristales, clavos, fuego… ¡Y a dormir!

2015.12.06… Más snorkel y comida

Casi los primeros en el desayuno, hay tortitas ¡qué bien!!! Y después de pasar por la habitación y hacer tiempo para que empiece a hacer un poco de calor, vamos hacia la playa. Es gracioso, porque entre el hotel y la playa hay una carretera, la principal que bordea el mar, y tienen a un chico allí sólo para ayudar a la gente a cruzar. Dicho así parece bien, si no fuera porque los dos lados de la carretera se ven perfectamente y tampoco es que pasen muchos coches.

Hace un viento desagradable, casi hay que estar con la ropa puesta. Ya hay problemas para coger tumbonas con un paravientos, y sin él no se puede estar. Como siempre, Katz es más valiente y se mete al agua primero, yo me quedo en la tumbona intentando absorber el poco calor que llega (para ser Egipto, porque la temperatura seguro que es de más de 20 grados). Cuando sale me dice que le haga caso y que vaya al agua, que merece la pena muchísimo.

Nos vamos hasta el otro lado de la playa para meternos allí y venir nadando hasta este. Cuando buscamos el mejor sitio donde empezar a entrar en el agua, me fijo y le aviso a Katz… El suelo está cubierto de estrellas de mar finitas, ¡pero hay muchísimas!

Aunque me cuesta, ya que el viento viene fresquito, me meto poco a poco. Cuando el agua me cubre poco más de la rodilla, hay que echarse ya a nadar, porque empiezan los corales. Otra vez más sin palabras, alucinante. Por un lado me da pena no tener la cámara acuática, pero por otro pienso que igual mejor, porque iba a gastar las tarjetas de memoria con todas las fotos que haría. Nunca imaginé que podría haber tantos peces, y que encima no tuviesen miedo de nosotros, porque se nos acercaban un montón, yo tuve a uno multicolor varias veces junto a mis gafas, mirándonos los dos a los ojos… indescriptible.

Como pone que hay barbacoa en la playa, decidimos quedarnos ahí para así aprovechar más, ya que hay pocas horas de luz. La barbacoa se limita a patatas fritas y unas hamburguesas pequeñas de pollo. Picamos algo, y al poco de nuevo al agua. Esta vez, vamos a lo largo de una cuerda con las boyas, y tenemos la suerte de ver una manta raya.

Al salir, me tumbo a secarme, y poco después nos vamos al hotel, el restaurante está a punto de cerrar pero entramos rápido y comemos. Pasta otra vez jeje.

En la piscina, Katz se mete rápido, yo ni de palo. Tarde de piscina, comida, bebida, y pronto a la habitación que no hace mucho calor que digamos.

Al entrar en la habitación casi me da algo, veo mi móvil encharcado en agua: el florero que nos habían puesto en la mesa ha volcado con el viento justo encima de mi móvil. Lo seco como puedo y lo dejo abierto para que se vaya la humedad que le haya entrado.

Mientras Katz va a hablar con el amigo de Asraf sobre las diferentes excursiones, yo aprovecho a darme una buena ducha y a lavarme el pelo tranquilamente. Cuando estoy acabando y a punto de salir de la ducha, suena el teléfono y no me queda otra que contestar. Es Osama, el amigo de Asraf, que está en recepción pero no sabe quién es Katz. Le digo en inglés “No te preocupes que lo ves fácil. Es un chico muy alto con pelo largo” Y ya no me dio tiempo a decir más porque me dice que ya lo ve jejee. Cuando llego a recepción este chico ya se ha ido, aunque Katz me dice que mañana tenemos contratada la excursión que habíamos comentado.

Como queda aún un rato largo para la cena, cogemos el listado de bebidas y pedimos para ir probando. Salimos fuera, y vamos hacia las tiendas para curiosear. El chico de la tienda de papiros nos pilla por banda y nos mete dentro para enseñarnos. La verdad es que son muy chulos. De regalo, nos escribe nuestros nombres en árabe en un marcador de libros de papiro. Él se llama Mido, es majete y estamos allí un ratito hablando con él, nos despedimos después de enseñarle la frase “Yo se hablar un poquito español”.

Cena (pasta), y habitación hasta mañana.

2015.12.05… Más snorkel y sol

Estamos despiertos de nuevo muuuuy pronto, así que no queda otra que remolonear hasta las 7 que se pueda bajar a desayunar. Dada esa hora, bajamos como rayos. El desayuno igual que el día anterior, sólo que desayunamos fuera al aire libre, con uno de los cachorros sin fuerzas el pobre tirado debajo de la mesa.

Hablamos otro poco con Asraf, que nos envía a un coche a buscarnos para llevarnos al hotel Oriental Bay que tenemos reservado desde casa. Le decimos que pase a las 11, ya que en los papeles ponía que el check-in era a las 12.

Subimos a la habitación y vagueamos, ya que no me apetece ir a dar una vuelta y mancharme para llevar cosas mojadas al otro lado. Maletas hechas y a las 11 puntual ya está ahí el taxi.

Bajamos, y antes de montarnos en el coche le damos al perrito micro mini de Katz lo que nos quedaba de la torta que compramos en la panadería de Luxor y que habíamos encontrado en una mochila al rehacer las maletas.

En menos de 20 minutos estamos en el nuevo hotel. El recepcionista no me cae bien, me parece un soso seco, y no empieza a explicarnos las cosas hasta que Katz no está al lado.

Pulseritas puestas, y un señor nos acompaña a la habitación, donde nos enseña todo a la espera de una propina que no llega. Lo sentimos, pero nos queda muy poco dinero, y todo en billetes grandes.

La habitación es gigante, con una cocina americana abierta a un salón nada más entrar, y luego la habitación y el baño. Además, un balconcito.

1128. Vistas desde el Htl Oriental Bay, Marsa Alam

Miramos la tarjeta que nos han dado con los restaurantes abiertos, vemos la hora y… ¡primera comida buffet en el hotel!!! La pasta hecha al momento triunfa.

Después, vamos a la playa del hotel para consultar sobre los cursos de buceo a la empresa que tiene ahí el chiringuito. Sale caro, y las salidas para hacer buceo también. Vemos dos salidas para hacer snorkel que nos pueden encajar.

De aquí a la habitación a coger bártulos y piscina, ya es tarde para mi para bañarme y me apetece un poco de sol en la tumbona. Katz se mete en la piscina, y va a la barra sumergida a pedir algo. Allí conoce a dos gemelos alemanes. Mientras, a mi me da la chapa el que vende excursiones en quad.

1109. Hotel Oriental Bay, Marsa Alam

Cuando Katz vuelve a la tumbona, se lía a hablar con un alemán que está en la tumbona de al lado y que tiene unas ganas de hablar de la pera. Se llama Judo (al menos suena así jajaja), y estamos ahí un rato de charla hasta que nos dice que la piscina de abajo es de agua caliente… ahí que va Katz a probarla jeje.

Cuando estamos en la habitación preparándonos para ir a cenar, suena el teléfono, y le digo a Katz que coja que seguro que es Asraf con el amigo que tiene la empresa de buceo. Efectivamente, es él. Katz habla con el amigo y aunque el curso de buceo es caro, queda con él mañana en el hotel para que nos diga excursiones de snorkel.

Por lo demás poco que contar, todo incluido, así que bebidas, cena (pasta de nuevo), y pronto a la cama para aprovechar el día.

2015.12.04… Explorando los mares de Marsa Alam

Lo bueno que tiene irse pronto a dormir, es que estás despierto temprano. Así que vemos el amanecer desde la cama. Además, desde el balcón vemos unos cachorros abajo jugando, Katz empieza a llamarles desde el balcón y se vuelven locos porque no ven a nadie.

Hacemos tiempo a que den las 7, que es la hora a la que nos dijeron que empezaban los desayunos, y bajamos. Al llegar a la recepción no hay nadie. Katz empieza a decir “Hello, hello”, y de repente veo por el rabillo del ojo algo que se mueve a mi izquierda justo detrás del mostrador. Es el chico de recepción del turno de noche, que nos dice que estaba tumbado porque le duele la muela. Le decimos si podemos tener ya el desayuno, y nos dice que esperemos en el restaurante, que ahora va.

Pasamos al restaurante, y salimos por la otra puerta porque vemos que ahí están los cachorros. Hay tres o cuatro casi iguales, y uno super mini que está tirado y parece que no puede con su vida. Uno de los cachorros es bastante avispado y más despierto que los otros, y enseguida empieza a jugar con Katz, que ya ha hecho un amigo fiel. Entro al restaurante, y Katz va al baño a lavarse las manos, a donde le sigue el cachorrillo y le espera fuera, luego le espera fuera del restaurante.

Nos empiezan a traer cosas, y nos traen una bandeja de pepino con tomate. Luego una cesta con pan de pita, además una tortilla francesa con pimienta, una bandejita con un quesito, una mantequilla y una mermelada a cada uno. A mi un café y a Katz un té. El café es de puchero de toda la vida, con los posos abajo del todo. La tortilla me sabe a gloria.

Salimos fuera y hablamos un rato con el chico de recepción, que se llama Asraf. Le comentamos que queremos ir a la playa, y nos dice que en la más cercana al hotel no se puede. Se ofrece a hacernos un “tour” por la playa y que lleguemos hasta el centro para ir a su casa, que nos invita a un té. Parece muy majo y habla inglés bastante bien, así que aceptamos la oferta, ya que insiste bastante. Subimos a la habitación y cogemos lo necesario para ese rato, antes de irnos del hotel con Asraf, que ya ha terminado su turno, le avisamos a la señora del hotel que por favor avise al señor de ayer para que sobre las 11 esté ahí para llevarnos a una de las playas cercanas.

Asraf nos lleva hacia el paseo que va junto a las playas, vemos que casi todo está acotado excepto una mini playa que “pertenece” a los apartamentos donde George está alojado. De ahí al centro del pueblo, y a casa de Asraf. Ahí está la mujer, y nos invita a un té y hace palomitas para todos. Al poco llega también una de las hijas, y allí estamos viendo la tele y charlando.

Al final el señor del hotel viene a por nosotros con el motocarro a casa de Asraf, que ya ha hablado con él y lo ha organizado. A las 11 está ahí, nos despedimos de la mujer y la hija de Asraf dándoles las gracias y nos subimos al carro con una peque de unos 5 años.

1071. Katz, en motocarro de Marsa Alam City a la playa 7 kilo 1072. En motocarro de Marsa Alam City a la playa 7 kilo

Le pedimos que pare en el hotel, así cogemos las gafas y los tubos y alguna otra cosilla necesaria para estar un par de horas en la playa. Le decimos que nos lleve a la de la derecha, la que está a 7 kilos jeje.

1075. En motocarro de Marsa Alam City a la playa 7 kilo 1076. Saioa en motocarro de Marsa Alam City a la playa 7 kilo

El trayecto se nos hace bastante corto, y cuando llegamos allí sólo hay una furgoneta con gente que va a bucear. Katz les pregunta por el precio del curso de buceo para mi, pero sale sobre 350 eur, así que me voy olvidando.

Nuestro taxista nos dice que nos espera ahí, pero nos da cosa tenerle todo el rato esperándonos y le insistimos para que se vaya y vuelva luego a buscarnos. Le decimos que se pase a por nosotros a las 3, y nos vamos a la izquierda de la playa. Allí queremos aprovechar el tiempo y nos metemos rápido. Yo tardo bastante en entrar porque me da mucha cosa, no quiero cargarme coral y voy con mucho cuidado.

1079. Katz, Playa 7 kilo, Marsa Alam

Precioso, no puedo decir otra cosa. Miles de peces, coral, un poco de corriente pero vemos mucho de todo sin problema. Al cabo de un rato me empiezo a quedar fría y las gafas me hacen mucho daño, así que decido salir. Katz vuelve a entrar un poco, mientras yo voy saliendo despacio. Se ha levantado bastante viento y aunque la temperatura es buena, al salir me quedo un poco fría.

Nos damos cuenta de que la furgoneta con los buceadores también se ha ido, así que estamos solos. Una playa, rodeada de desierto y con una carretera secundaria que pasa cerca pero por la que no hay tráfico. Solos, en medio de todo aquello. Me encanta. Disfruto. Disfruto del paisaje por un lado de las montañas de arena con sus tonos que van del ocre al rojizo y al marrón, por el otro del agua turquesa, azul, transparente a trozos… Pienso que esto es un lujo que muy poca gente tiene, soy afortunada.

Volvemos a nuestro rincón, y decidimos ir a la mitad de la playa ya que parece que también hay coral por ahí. Katz es el primero en entrar a ver si merece la pena, ya que a mi me da pereza con este viento. Mientras él está en el agua, viene una furgoneta con gente para bucear. Cuando sale, me dice que tengo que entrar, que merece la pena, así que aunque aún costándome, ahí que voy. Uffff… sin palabras. Es que nunca he visto tal cantidad de peces y de colores bajo el agua.

1085. Saioa, Playa 7 kilo, Marsa Alam

Cuando nos cansamos ya salimos del agua, y vemos que queda una media hora para que venga nuestro motocarro, así que nos acercamos a la carretera para no mancharnos mucho más de arena y secarnos un poco.

1098. Playa 7 kilo, Marsa Alam

Allí esperando pasa un coche con unas chicas dentro que nos saludan y nos lanzan besos. Un poco más allá, el coche entra en la playa y se bajan. Nos empiezan a hacer señas, y nos acercamos hacia ellos, aunque antes me pongo el pareo por encima. Cuando ya estamos juntos, piden hacerse fotos, pero nos dicen que nosotros no podemos hacerles a ellos. En fin… nos hacemos fotos y están encantadas. No hablan inglés, se despiden de nosotros y van hacia el coche, al poco las vemos metidas en el agua bañándose con los vestidos que llevaban y los pantalones y velos…

1095. Saioa y chicas, Playa 7 kilo, Marsa Alam

El motocarro está puntual. Nos lleva al hotel, y ahí es cuando flipamos porque nos pide el doble del precio acordado, excusándose en que le hemos mandado irse y volver, y es doble gasto. Por mucho que le decimos que lo hemos hecho por él para que no esté 4 horas ahí sin hacer nada, no hay forma y por no perder más tiempo le damos lo que pide. Eso si, nos dice que si queremos nos lleva hasta el centro gratis, así que le decimos que en 10 minutos estamos, y en 10 minutos clavados después de ducharnos, cambiarnos de ropa y coger lo necesario estamos junto a su motocarro.

Le pedimos que nos deje junto a la mezquita, y de ahí vamos dando una vuelta y entrando en tiendas para ver si hay algo interesante. Al final de la calle, compramos agua en una tienda, y enfrente en un local nos sentamos a comer unas pizzas. Nos pedimos una cada uno, además de otra cosa que es como un rollo de pollo con verduras.

1105. Katz, Pizzas, Marsa Alam City

Una comida-cena muy rica, la masa de las dos cosas es de hojaldre, y como hemos pedido demasiado y estamos ya un poco reventados, los trozos que no nos comemos nos los llevamos envueltos y pensando en los chuchines de debajo del hotel.

Volvemos a la primera tienda que hemos visto a por un bañador para Katz, pero no tienen tallas. El chico del puesto de al lado, muy majo, nos acompaña a otras tres tiendas a ver si hay suerte, pero nos vamos con las manos vacías, no sin antes ser invitados a un té que rechazamos amablemente.

Volvemos poco a poco al hotel, pero el camino se me hace eterno. Damos de comer a los perrines, aunque no vemos al majete ni al super mini.

Habitación, y cama hasta el día siguiente.

2015.12.03… Cruzando el desierto en bus

Pues nada, todo preparado y a las 7 menos cuarto esperando en la oficina del bus. Por 55 libras cada uno (unos 7 euros), nos venden los dos billetes, tenemos que hacer cambio de bus en Qena. Nos montamos al bus y flipamos, un bus nuevo y super limpio, da gusto. Ni un turista más, sólo nosotros. Con aire acondicionado y todo. Tenemos junto a nosotros a dos señores mayores, con chilaba y turbante y pañuelos en el cuello, que en un momento que a Katz le entra frío le ofrecen rápido uno de los pañuelos. Uno de los señores intenta imitar a Katz sentándose como él, mirando cómo tiene los pies y poniéndose igual, pero no le sale y se conforma con mirarle.

Llegamos a Qena, una estación de bus cutre cutre, algún banco pero nada más, mucha basura, muy sucia. Hay un montón de chavales vestidos de camuflaje, creemos que van a hacer la mili.

1061. Pano, Estación de autobuses de Qena 1062. Saioa, Estación de autobuses de Qena

Katz aprovecha a desayunar lo que sobró del crepe de anoche, y yo la torta que compramos el otro día en la panadería voy comiéndola a trocitos.

Llega un bus que parece que se va a caer a pedazos y empiezan a entrar todos. De repente, el señor de la estación nos avisa de que nosotros también vamos en ese bus… ¡uffff qué mal! Entramos en el bus como podemos, y nos sentamos en dos sitios que vemos libres y que encima están genial, ya que son los que están justo detrás de la puerta trasera. Tenemos que poner las maletas a nuestros pies como podemos, no hay más sitio en el bus. Katz dice “Mira qué majos, nos dejan los mejores asientos”.

Al rato, nos dicen que los asientos son numerados, pero los “dueños” de los asientos nos dicen que no nos preocupemos que se quedan ellos en los nuestros. Cuando arrancamos, hay varios chavales de pie y otros sentados en el suelo, el autobús va hasta arriba, yo me quito la chaqueta que me estoy asando y me pongo el pareo por encima diciendo “Cuando pongan el aire acondicionado iré bien”. A Katz le entra ataque de risa, bastante si se pueden abrir las ventanas en el bus.

El viaje se me hace algo pesado sobre todo por ser la única mujer y turista en el bus, me siento continuamente observada. El paisaje es espectacular, cruzando pleno desierto y después siguiendo la línea de la costa y empezando a ver el agua de esos colores azules y verdes tan bonitos, y esa arena tan blanca.

1063. Camino de Luxor a Marsa Alam 1065. Camino de Luxor a Marsa Alam
1066. Camino de Luxor a Marsa Alam

Cuando llegamos a Marsa Alam son sobre las 4 de la tarde, nos queda poco tiempo para que oscurezca. Preguntamos a ver si alguien nos puede decir dónde está el hotel más barato que habíamos visto por Booking, pero la dirección no es clara ya que aunque nosotros sabemos que el hotel está la ciudad, ellos nos dicen que está a las afueras, a unos 7 km. Y es que más tarde nos daríamos cuenta que la calle donde está el hotel tiene el mismo nombre que un resort alejado de la ciudad.

Finalmente, un chico nos dice más o menos por donde ir. Echamos a andar con las mochilas, esperando encontrarlo pronto. Andamos unos 15 minutos y no hay nadie por la calle. Preguntamos en un restaurante pero ni idea. Vemos muchos perros callejeros, a los que si haces un poco de caso no se separan de ti. Al cabo de un poco, y viendo que a lo lejos de esta carretera no nos parece ver el hotel, decidimos cruzar la carretera e ir a la paralela que está junto al mar.

Mientras vamos hacia allí, nos cruzamos con un danés que nos dice que está haciendo un curso de buceo, pero el hotel donde está sale más caro que el que hemos visto. A él le suena que está por la calle hacia donde nos dirigimos a mano derecha, junto a una gasolinera. Nos despedimos y seguimos adelante, pero oscurece muy rápido y nos encontramos casi de noche (a las 5 de la tarde) en un sitio donde hay edificios a medio construir y con nadie a la vista. Cuando estamos dudando de qué hacer, vemos un chico en unos apartamentos.

Es el mánager de las instalaciones, que nos explica dónde está el hotel que buscamos. Ahí de repente aparece un señor, que nos dice que va al centro y se ofrece a llevarnos en coche al hotel. Se lo agradecemos infinito, que llevamos un rato andando con las mochilas. Mientras vamos en el coche, nos dice que es de Sudáfrica y que se llama algo así como George, que le han llevado ahí una temporada por temas de curro.

Nos acerca al hotel, pero en lugar de parar sigue adelante y nos hace una pequeña ruta turística por el pueblo, mostrándonos y valorándonos restaurantes, hasta que nos regresa al hotel. Nos dice que mañana estará sobre esa hora en un local llamado Moon, por si queremos tomar algo con él. Le damos las gracias por todo y entramos en el hotel.

Aquí el de recepción nos dice que la habitación por noche sale 240 libras, pero nosotros le decimos que hemos visto por Booking que el precio es de 210, hace una llamada y nos lo deja a ese precio. Le decimos que queremos ver la habitación antes de pagar, y nos suben a verla. ¡Qué pasada! ¡Es gigante, y parece super nueva! El baño no tiene cortina, pero ya me he acostumbrado un poco, así que me gusta mucho la habitación. Tiene un balcón con vistas al ¿mar?, sobre todo a unos edificios a medio construir, como hemos visto todo el pueblo.

Bajamos para ir al centro a comer-cenar, porque si nos duchamos nos va a dar el bajón y no hemos comido nada. Bajamos y el de recepción nos explica que hay dos calas a poca distancia, una a la derecha a 7 “kilos” y la otra a la izquierda a 10 “kilos”, y nos ofrece llevarnos mañana por 40 libras a una de ellas en un motocarro. Le decimos que nos lo pensamos y nos vamos hacia el pueblo. La señora del hotel parece muy maja, entiende bastante inglés y está continuamente sonriendo, da gusto.

Después de más de 15 minutos caminando, llegamos a la calle donde empieza a haber comercios y restaurantes. Elegimos uno de los que George nos ha recomendado, es de pescados y mariscos… ¡pobre Katz (no le gusta el pescado jeje)! Como no hay mucha más opción, pedimos dos pescados con patatas fritas. Si a él no le gusta el pescado, me como yo los dos y él que coma las patatas. El pescado sin más, rebozado en harina y frito, no es espectacular pero para salir del paso no está mal. Lo que yo más temía que era que me lo trajesen sin limpiar no ha sucedido, así que estupendo. Katz incluso se lo come.

Ya con el estómago lleno, vuelta al hotel. Es desolador ver todos esos edificios sin terminar, y un montón de perros vagando por ahí en busca de comida y caricias.

Llegados al hotel, ducha amarilla, el agua está turbia. Se nota que el hotel no tiene clientes, y que no se ha usado apenas. Una vez en la cama, no aguantamos mucho más, y nos dormimos casi con los Lunnis.