2015.12.09… Bus a Hurghada

Bajamos a desayunar a las 7 como siempre, y cuando acabamos foto con los gemelos alemanes… jejeje que majetes.

1178. Katz y los gemelos alemanes, Htl Oriental Bay, Marsa Alam

A la habitación a hacer maletas, y con tiempo vamos a recepción a ver si pueden avisar al bus público que va a Hurghada para que pare en el hotel para cogerlo nosotros. Primero nos dicen que no hay autobús que haga ese trayecto, cuando le decimos que sabemos seguro que hay dos y le damos los datos, el chico nos dice que es verdad pero que sólo existe el primero de los que le hemos dicho. Le decimos que por favor entonces llame a ese para que pare, y nos dice que no, que no hacen paradas así en los hoteles, que tenemos que coger un taxi hasta Marsa Alam ciudad y montarnos en el bus allí mismo. Mientras un compañero suyo de recepción nos dice que es peligroso. Y además nos dicen que el trayecto es de más de 6 horas, y que en taxi son 3. Les miramos alucinados y nos vamos.

Ya fuera, hablando con Mustafa, le comentamos que no nos quieren hacer ese favor, que esperamos poder parar el bus aún sin avisarle. Aparece por allí el del taxi y nos dice que nos lleva a la ciudad por 20 eur. Después de un rato nos lo baja a 15 y después a 10 eur. No pienso coger ese taxi, me ha caído muy mal el tipo ese.

Vemos que Mustafa hace unas llamadas con su móvil, y al poco nos dice que estemos tranquilos, que ha hablado con el chófer del bus y que va a parar allí. Nosotros no nos podemos creer que al final el último currela del hotel, el que menos gana (ayer mismo nos dijo que su sueldo era de 2 eur al día trabajando de 8 a 8 con una hora para comer), sea el que nos ayude. A las 10.25, le llaman y nos dice que era el del bus, que crucemos la carretera que está a punto de llegar. Cruzamos con las mochilas, y nos despedimos de este gran chaval. Katz intenta darle 10 eur, los que nos hubiese cobrado el taxista de haber tenido que ir a la ciudad, pero no los coge diciendo que somos sus amigos.
Al final acabamos los dos en el bus llorando de ver cómo hay gente que aún sin tener nada te da todo.

Tres horas y media después (y varias paradas para recoger a gente), llegamos a Hurghada. Nos avisan para que bajemos del bus, y empezamos a andar. Nos para un taxista para ver si puede llevarnos, y le decimos que no que vamos andando, pero consultamos el precio para ir al aeropuerto y nos apuntamos su tlf por si acaso.

Tenemos suerte porque el hotel está muy cerca, así que andamos menos de 15 minutos. Al entrar, nos miran raro, y nos preguntan mirándonos de arriba a abajo si somos clientes.

El hotel es impresionante, muy bonito, y el recepcionista mucho más majo que los del otro hotel. Nos acompañan a la habitación, y nos volvemos a hacer los locos con la propina. Nos pide cambiarle monedas a billetes de euro, pero no tenemos ya. ¡Hay wifi gratis! Damos noticias después de casi una semana, y nos vamos a comer algo a la zona del snack… ellos la llaman así, porque ¡qué barbaridad! Pizzas y pasta al momento, sandwiches, perritos calientes, ensaladas, patatas fritas… ¡y crepes de postre!!!!!

Con la tripa llena, vamos a coger el bus gratuito que nos lleva a la playa. Aquí viene la decepción, puesto que no hay coral, ni peces ni nada… ¡acostumbrados a Marsa Alam esto es una mierda!!! Así que volvemos al hotel rápidamente, que hace fresco, y nos situamos hasta la hora de la cena, donde entramos a todos los restaurantes para ver qué tienen y elegir el que más nos guste jeje

Cuando cenamos, nos tomamos un gintonic para hacer tiempo a que empiece el espectáculo del hotel, tenemos curiosidad, ya que el escenario es inmenso con la copia de las principales atracciones turísticas de Egipto. Sin palabras, un espectáculo de un hotel con bailarines, derviches, caballos, camellos, iluminaciones, fuente con música y luces… ¡hasta fuegos artificiales!

1190. Saioa, Pano, Htl Alf Leila Wa Leila, Hurghada

De aquí a la cama que hemos aguantado mucho jajajajaja

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2015.12.03… Cruzando el desierto en bus

Pues nada, todo preparado y a las 7 menos cuarto esperando en la oficina del bus. Por 55 libras cada uno (unos 7 euros), nos venden los dos billetes, tenemos que hacer cambio de bus en Qena. Nos montamos al bus y flipamos, un bus nuevo y super limpio, da gusto. Ni un turista más, sólo nosotros. Con aire acondicionado y todo. Tenemos junto a nosotros a dos señores mayores, con chilaba y turbante y pañuelos en el cuello, que en un momento que a Katz le entra frío le ofrecen rápido uno de los pañuelos. Uno de los señores intenta imitar a Katz sentándose como él, mirando cómo tiene los pies y poniéndose igual, pero no le sale y se conforma con mirarle.

Llegamos a Qena, una estación de bus cutre cutre, algún banco pero nada más, mucha basura, muy sucia. Hay un montón de chavales vestidos de camuflaje, creemos que van a hacer la mili.

1061. Pano, Estación de autobuses de Qena 1062. Saioa, Estación de autobuses de Qena

Katz aprovecha a desayunar lo que sobró del crepe de anoche, y yo la torta que compramos el otro día en la panadería voy comiéndola a trocitos.

Llega un bus que parece que se va a caer a pedazos y empiezan a entrar todos. De repente, el señor de la estación nos avisa de que nosotros también vamos en ese bus… ¡uffff qué mal! Entramos en el bus como podemos, y nos sentamos en dos sitios que vemos libres y que encima están genial, ya que son los que están justo detrás de la puerta trasera. Tenemos que poner las maletas a nuestros pies como podemos, no hay más sitio en el bus. Katz dice “Mira qué majos, nos dejan los mejores asientos”.

Al rato, nos dicen que los asientos son numerados, pero los “dueños” de los asientos nos dicen que no nos preocupemos que se quedan ellos en los nuestros. Cuando arrancamos, hay varios chavales de pie y otros sentados en el suelo, el autobús va hasta arriba, yo me quito la chaqueta que me estoy asando y me pongo el pareo por encima diciendo “Cuando pongan el aire acondicionado iré bien”. A Katz le entra ataque de risa, bastante si se pueden abrir las ventanas en el bus.

El viaje se me hace algo pesado sobre todo por ser la única mujer y turista en el bus, me siento continuamente observada. El paisaje es espectacular, cruzando pleno desierto y después siguiendo la línea de la costa y empezando a ver el agua de esos colores azules y verdes tan bonitos, y esa arena tan blanca.

1063. Camino de Luxor a Marsa Alam 1065. Camino de Luxor a Marsa Alam
1066. Camino de Luxor a Marsa Alam

Cuando llegamos a Marsa Alam son sobre las 4 de la tarde, nos queda poco tiempo para que oscurezca. Preguntamos a ver si alguien nos puede decir dónde está el hotel más barato que habíamos visto por Booking, pero la dirección no es clara ya que aunque nosotros sabemos que el hotel está la ciudad, ellos nos dicen que está a las afueras, a unos 7 km. Y es que más tarde nos daríamos cuenta que la calle donde está el hotel tiene el mismo nombre que un resort alejado de la ciudad.

Finalmente, un chico nos dice más o menos por donde ir. Echamos a andar con las mochilas, esperando encontrarlo pronto. Andamos unos 15 minutos y no hay nadie por la calle. Preguntamos en un restaurante pero ni idea. Vemos muchos perros callejeros, a los que si haces un poco de caso no se separan de ti. Al cabo de un poco, y viendo que a lo lejos de esta carretera no nos parece ver el hotel, decidimos cruzar la carretera e ir a la paralela que está junto al mar.

Mientras vamos hacia allí, nos cruzamos con un danés que nos dice que está haciendo un curso de buceo, pero el hotel donde está sale más caro que el que hemos visto. A él le suena que está por la calle hacia donde nos dirigimos a mano derecha, junto a una gasolinera. Nos despedimos y seguimos adelante, pero oscurece muy rápido y nos encontramos casi de noche (a las 5 de la tarde) en un sitio donde hay edificios a medio construir y con nadie a la vista. Cuando estamos dudando de qué hacer, vemos un chico en unos apartamentos.

Es el mánager de las instalaciones, que nos explica dónde está el hotel que buscamos. Ahí de repente aparece un señor, que nos dice que va al centro y se ofrece a llevarnos en coche al hotel. Se lo agradecemos infinito, que llevamos un rato andando con las mochilas. Mientras vamos en el coche, nos dice que es de Sudáfrica y que se llama algo así como George, que le han llevado ahí una temporada por temas de curro.

Nos acerca al hotel, pero en lugar de parar sigue adelante y nos hace una pequeña ruta turística por el pueblo, mostrándonos y valorándonos restaurantes, hasta que nos regresa al hotel. Nos dice que mañana estará sobre esa hora en un local llamado Moon, por si queremos tomar algo con él. Le damos las gracias por todo y entramos en el hotel.

Aquí el de recepción nos dice que la habitación por noche sale 240 libras, pero nosotros le decimos que hemos visto por Booking que el precio es de 210, hace una llamada y nos lo deja a ese precio. Le decimos que queremos ver la habitación antes de pagar, y nos suben a verla. ¡Qué pasada! ¡Es gigante, y parece super nueva! El baño no tiene cortina, pero ya me he acostumbrado un poco, así que me gusta mucho la habitación. Tiene un balcón con vistas al ¿mar?, sobre todo a unos edificios a medio construir, como hemos visto todo el pueblo.

Bajamos para ir al centro a comer-cenar, porque si nos duchamos nos va a dar el bajón y no hemos comido nada. Bajamos y el de recepción nos explica que hay dos calas a poca distancia, una a la derecha a 7 “kilos” y la otra a la izquierda a 10 “kilos”, y nos ofrece llevarnos mañana por 40 libras a una de ellas en un motocarro. Le decimos que nos lo pensamos y nos vamos hacia el pueblo. La señora del hotel parece muy maja, entiende bastante inglés y está continuamente sonriendo, da gusto.

Después de más de 15 minutos caminando, llegamos a la calle donde empieza a haber comercios y restaurantes. Elegimos uno de los que George nos ha recomendado, es de pescados y mariscos… ¡pobre Katz (no le gusta el pescado jeje)! Como no hay mucha más opción, pedimos dos pescados con patatas fritas. Si a él no le gusta el pescado, me como yo los dos y él que coma las patatas. El pescado sin más, rebozado en harina y frito, no es espectacular pero para salir del paso no está mal. Lo que yo más temía que era que me lo trajesen sin limpiar no ha sucedido, así que estupendo. Katz incluso se lo come.

Ya con el estómago lleno, vuelta al hotel. Es desolador ver todos esos edificios sin terminar, y un montón de perros vagando por ahí en busca de comida y caricias.

Llegados al hotel, ducha amarilla, el agua está turbia. Se nota que el hotel no tiene clientes, y que no se ha usado apenas. Una vez en la cama, no aguantamos mucho más, y nos dormimos casi con los Lunnis.

2017.10.12… Adiós Mozambique, hola Swazilandia

Me despierto, me duele la tripa. Tengo que levantarme rápido al baño. Vuelvo a la cama, es la 1.30. La alarma está puesta a las 3.30 para coger el bus de las 4. Ya no me vuelvo a dormir, cuando suena despierto a Katz y nos levantamos.

Salimos al mercado que es donde para el bus, ya están allí Pablo y Ana. Como aún quedan 10 min vuelvo al hotel que Katz se ha olvidado la pastilla de jabón (otra vez). Al poco viene el bus. Nos sentamos detrás los 4.

El viaje se hace pesado aunque se va más cómodo que otras veces.



Al tomar un poco de zumo no cierro bien y se sale, manchando a Katz jeje. Hacemos una parada para ir al baño y poco más, ya que creo que han sido justo 5 min.

Por fin a la 1.15 llegamos a Maputo. Nos bajamos del bus, nos despedimos de Pablo y Ana, y preguntamos para ir a Swazilandia. Nos indican dónde están los minibuses y vamos para allá.

Hay ya varias personas montadas, Katz pregunta que cuándo sale y un señor que está esperando dice que él lleva esperando desde las 9 de la mañana a que salga. Es un portugués que lleva aquí viviendo 11 años, trabaja con la fundación Reymar, y hoy se le acaba la visa así que necesita cruzar a Swazilandia si o si. Nos piden los pasaportes y se los llevan.

Durante la espera compramos una coca cola a ver si me asienta las tripas. Katz luego se coge una bolsa pequeña de anacardos, y al final compra 3 chupa chups, el portugués acepta uno y yo me como otro. El resto de dinero suelto lo donamos a una chica de la asociación de sordomudos que pasa por allí.

Por fin, sobre las 2.30, salimos. Bastante cómodos también la verdad. La carretera bastante mejor que el resto del país. Según nos acercamos a la frontera, empezamos a ver montes.


A 10 minutos de la frontera la carretera empieza a tener rayas pintadas. En la frontera bajamos, presentamos en la ventanilla de Mozambique el pasaporte, sello de salida y adiós.


Luego pasamos por otro edificio, ventanilla, sello de entrada a Swazilandia. ¡Ya estamos!!!!

Ahora a esperar a que el resto acabe. Revisan el equipaje, a una chica le hacen sacar del saco lo que lleva, que son más de 20 pares de zapatillas, y contarlas. Por fin nos dejan seguir.

Las carreras aquí son buenas, o normales para nosotros allí.

A los 15 min otro control policial, nos hacen salir y enseñar pasaportes. Vuelven a revisar equipaje y le vuelven a hacer sacar el calzado a la chica. Hace frío.

Subimos, cruzamos la primera ciudad, donde se monta gente. Yo voy ahora un poco mareada, Katz se pone a hablar con un chico de aquí que se sienta al lado suyo. Me da por pensar que nosotros que pensamos que somos un país rico, que miramos muchas veces a África por encina del hombro como los pobres, somos los más incultos del mundo. Esta gente se lo curra para sobrevivir, en unos países o unas zonas lo consiguen mejor que en otras, pero todos por ejemplo hablan mínimo 2 idiomas. Y nosotros a trancas con el inglés.

Cuando por fin llegamos a Manzini, nos deja en el hotel Mozambique, de los más baratos.

Y vamos a comprar la cena. Entramos en un local y pedimos un pita de verduras, una hamburguesa de pollo, un rollo de pan de ajo con queso, un zumo de naranja con melocotón, y una de patatas normales y otra gajo.

Nos pregunta que si para comer aquí o para llevar. Le decimos que para comer aquí, mira la hora y pone cara rara. Le decimos si no nos da tiempo, que nos lo llevamos, y sonríe y nos dice que mejor, porque cierran a las 10 y son las 9.20….

Claro, si se toman el comer con la misma rapidez que el resto igual uno de aquí termina a las 11 jeje

Nos lo comemos en la habitación, todo muy rico pero acabamos petados.

 


Gastos del día para 2 personas:

Bus Tofo – Maputo = 900 m. x 2 personas = 1800 m.

Coca cola = 25 m.

Anacardos = 50 m.

Chupa chups = 5 m. x 3 = 15 m.

Minibus Maputo – Manzini = 400 m. x 2 personas = 800 m.

Hotel = 360 rands

Cena = 156 rands

Total = 2690 m. + 516 rands = aprox 75 eur