2010.12.11… Cienfuegos rastafari

Me despierto un poco resacoso y me despido de estos que apenas pueden moverse. Tomo un buen desayuno en el hotel y camino hasta el bus de Vía Azul que me llevará a Cienfuegos. No tardo en encontrar una casa económica, Zoido me ha ofrecido echar un vistazo a su casa particular y he aceptado. La casa está más que bien y me hace muy buen precio así que me quedo con Zoido, su mujer y su hija, que es doctora.

Primero doy un paseo por el Boulevard, donde hay una estatua de Benny Moré, cantautor cubano natural de esta provincia y conocido como “el Sonero Mayor de Cuba”.

Benny Moré “el Bárbaro del Ritmo”

La Plaza Central José Martí tiene varios monumentos y edificios llamativos para ver, pero me doy prisa porque hace un sol de justicia y hay poca sombra.

A pesar del sol camino hasta el Cementerio la Reina que también merece una visita. Los alrededores están bastante descuidados y en una caseta que parece abandonada encuentro un par de fotos impresas en madera de Camilo y el Ché que tienen un aroma a historia abrumador. Les hago una foto y continúo el paseo.

También cerca del cementerio hay una pequeña cancha y me paro a ver como juegan un partido de fútbol. Parece un partido entre amigos aunque hay bastantes espectadores.

Paso por la estación del ferry y continúo por la bahía hacia el malecón. Es fácil ver almendrones por todo Cuba pero estos llaman mi atención especialmente.

Quería llegar al malecón pero no puedo, en el Muelle Real me paro a charlar con unos rastafarais y ahí termina mi paseo de hoy.

El Muelle Real

Ichi, Jouan, Óscar y Raya me cuentan sobre su particular modo de vida rasta. Lo que les cuesta conseguir yerba y cómo se las arreglan para fumar a escondidas y cómo beben ron para “ocultar”. Fumar maría o costo está prohibido en Cuba y muy perseguido, pero con un poco de aliento a ron pasa desapercibido para la policía. Jouan tiene una hija en Cataluña a la que no conoce, y Óscar trabaja en la estación de tren 15 días si y 15 no. Ichi es el más hablador, me cuenta de cómo estuvo preso 8 años por tráfico. Se enamoró de una italiana y faltando 20 días para irse con ella a Italia, ya tenía el pasaporte validado y todo, le apresaron y no pudo ir. Me enseña el pasaporte mientras me narra su pasión por el submarinismo y las mujeres por igual…

Disfrutamos del atardecer y compartimos ron mientras se explayan en narrar cómo les discriminan socialmente y sufren tan solo por llevar churros y ser negros. Al toque se nos unen Carlos de Cienfuegos y Raudel, un estudiante costarricense. Durante un rato también se juntan unas americanas y un irlandés que pasaban por allí.

Cae la noche e Ichi nos invita a todos su casa a cenar, nos acoplamos Raudel y yo. La casa es humilde pero grande, parte de ella sin techo y parece llena de cosas. Ahí no vive una sola familia, sino varias, dentro de la precariedad se respira buen ambiente aunque no hay intimidad claro, un estrecho pasillo descubierto al que se accede por una puerta metálica separa varios espacios que no tienen ni puerta. Cada familia ocupa un espacio de esos “barracones”. Allí conocemos a su mamá y a otros miembros de la familia mientras nos da un plato de pasta sabrosa para cenar.

Por la noche he quedado con los rastas en el Café Teatro Terry, así que sólo me da tiempo a una siesta breve ya que hace rato que atardeció.

Llego al café y tan solo ha venido Jouan, me dice que del resto no sabe nada, que ya vendrán o quizás no… así que vamos para dentro del café donde escuchamos música en directo y charlamos un poco entre ron y tabaco. Aparecen Leo y Félix, dos amigos de Jouan y no tardan en hablar con una chica que está sola en otra mesa y convencerla para que se siente con nosotros. Es Marthia, una holandesa que viaja sola.

Termina la actuación y proponen ir a otro garito pero nos paramos en el malecón. Se nos ha unido Arturo Gómez, un tipo con pinta de bohemio que dice ser escritor. El hombre es muy muy pesado y pedante a más no poder, aunque el resto pasamos un poco de él mientras tomamos ron que alguien ha comprado. Al rato aparece una guitarra, compramos más ron y nos “adueñamos” del malecón. Rap, bromas, discusiones y risas hasta que con un pedal bastante majo ya nos vamos para casa. Marthia y yo vamos juntos ya que casualmente se hospeda cerca de mí.

Marthia, Jouan, el poeta y a la derecha con Leo

Semanas después revisando las fotos veo que Leo aparece en varias de mis fotos por casualidad. En una sale caminando por la playa en Trinidad y en otras bailando en Santa Clara, y es que me contó que conoció a unos extranjeros en La Habana y se “juntó” con ellos a modo de guía y le llevaron viajando por la isla.

Leo


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