2010.11.23… El Valle de Viñales y La Cueva de Palmarito

Los vecinos israelíes me despiertan dando voces a las 6 am, pero me duermo hasta las 07.40.

Hoy me voy a hacer el tour por el valle con Alec, el anfitrión de la casa particular en la que me hospedo. Veo las cuadrillas de niños que pasan hacia la escuela y nos vamos de caminata paseando entre plantaciones de piña, tabaco, yuca y boniatos hasta llegar a la cueva del silencio.

La cueva está muy oscura y en su interior se esconde una laguna sumergida entre las paredes de la roca. No puedo resistirme a darme un baño dentro y noto el agua bastante cálida.

Después caminamos hasta casa de Palillos, un guajiro de la zona, donde me ofrece un porro (que no acepto), tomamos piña y bebemos caña recién exprimida. Palillos se gana la vida con los turistas y ofrece probar un puro cubano, miel de la región, café o licor Guayabita del Pinar. De eso si que pruebo y pasamos un buen rato con otros españoles que también llegan de excursión.

De vuelta paramos en un árbol en cuyo tronco la gente lleva figuras de santos rotas, pues si se rompen en casa no la pueden tirar y las dejan allí.

No es un porro, no

Al llegar a casa comilona de arroz con pollo, ensalada, papas fritas, sopa, frijoles y piña.

Tras una merecida siesta, ayudo un poco optimizando el ordenador de la casa y me siento a hablar con Alec. Es un tío de negocios en toda regla, lleva dos casas y mueve puros. Está ilusionado con reparar un Buick del 52 que compró por 4.000 cuc y unos cerdos, lo está preparando para cuando saque la licencia de conducir.

Me cuenta historias de cuando hizo el servicio militar en los cuerpos de marina y tierra. Son 2 años. Una vez le metieron preso por no racionar helado y repartirlo a todo el batallón. En otra ocasión alguien sobornó al cocinero para que echara laxante en la comida, y así todos evitaron ir a hacer maniobras.

También me cuenta que una vez salió de pesca con su tío y encontraron 2 paquetes en el mar. Abrieron uno y tenía droga, entonces los entregaron a los guardias y cuando abrieron el otro estaba lleno de fajos de billetes de 100 dólares. Qué mala pata…

Y así me voy a dormir, que ha sido un día largo.

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