2014.12.07… de Lanquín a Flores y a El Remate

Antes de pillar el bus nos metemos otro desayuno tan bueno como el del día anterior y salimos hacia Flores.

Al igual que para llegar, el camino para salir es muy precario y cada kilómetro pesa. Además hace mucho calor y vamos asados en la combi.

De todos modos el trayecto se hace más ameno ya que nos ha tocado junto a Daiki Suzuki, un japonés que apenas habla inglés, y Thomas, un francés que habla castellano muy bien. Entre los 3 que hablamos castellano intimamos bastante y también hacemos partícipe a Daiki, que como puede nos cuenta que está dando la vuelta al mundo. Como siempre el idioma no es barrera si hay buen rollo entre la gente.

Remolcador para cruzar el río con el coche

Entre aburrimiento y bromas, risas en japonés, francés, inglés y castellano, calor y sudor, ya hemos llegado a nuestro destino, Santa Elena.

Y es que hemos decidido no ir a Flores y hospedarnos en El Remate, el pueblo más usado como punto de partida para explorar Tikal.

La combi nos ha dejado “tirados” a nuestra suerte en una carretera de Santa Elena hasta que pase otra combi para El Remate. Al rato nos recoge una que va en nuestra dirección y los que manejan están bastante bebidos, pero tampoco nos queda otra alternativa porque empieza a oscurecer.

Como es habitual, van recogiendo pasajeros y más pasajeros cada pocos metros durante todo el camino, así que llegamos ya de noche. Una vez más llegamos sin reserva y tras preguntar en dos o tres hostels nos quedamos en uno económico que nos convence y además nos pueden reservar, a pesar de lo tarde que es, el tour para ver el amanecer en Tikal.

De hecho reservamos dos tours para el día siguiente, el del amanecer y el del atardecer. Nos dicen que la mayoría suelen elegir uno u otro o hacerlo en días separados, ya que es muy cansado, pero nos la jugamos.

Con la reserva hecha nos vamos a cenar a un puesto cercano una deliciosa limonada y unos espaguetis. Es un pequeño restaurante familiar junto al Lago Peten Itzá. La parte de atrás del restaurante conecta a través de un puente tibetano muy inestable con un muelle. Desde ahí se puede disfrutar de las vistas del lago pero ya ha oscurecido demasiado y apenas intuimos la luces de las orillas cercanas.

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