2016.12.07… de Sukhothai a Ayutthaya

Sobre las 4 de la mañana viene a avisarnos la “Sargento” del bus. Es nuestra parada, estamos en Ayutthaya. Salimos y un par de taxistas vienen a ofrecerse para llevarnos al pueblo. Piden una burrada, pero no hay forma de bajar el precio por las horas que son.

Así que de momento pasamos y nos sentamos en una mesa que hay ahí, fuera de una cafetería cerrada. Desayunamos mientras miramos mapas, hasta que de repente sin saber muy bien de dónde ha salido, vemos un guiri como nosotros preguntando a un taxista. Se da la vuelta, nos ve, y viene hacia nosotros.

Se llama Eugene, es de Rumanía pero vive en Canadá. Está de año sabático. Espera junto a nosotros mientras charlamos, y como más o menos queremos hacer lo mismo durante el día de hoy, vamos a ver qué precio nos da un taxi compartido entre los tres para ir al Parque Histórico de Ayutthaya a ver amanecer.

Katz para un taxi y nos deja un precio algo mejor que el primer taxista, que dividido entre los tres ya es aceptable. Así que entramos y Katz se sienta de copiloto.

Cuando estamos llegando a la entrada a las ruinas el taxista se quiere meter a la entrada principal, pero Katz le dice que no, que siga recto, y le pide que nos pare en un sitio donde no hay nada, o al menos no lo vemos ya que no hay nada de luz.

Y es que ayer ha encontrado en internet este punto, donde dicen que hay un amanecer muy chulo, así que andamos de frente sin saber muy bien dónde vamos. Dejamos a mano derecha una plaza con una estatua,y nos metemos a la izquierda.

Sé que estoy pisando tierra, hierba y piedras porque lo noto y porque llevamos una linterna encendida, pero sólo vemos un metro a nuestro alrededor, no tiene más potencia, así que no sabemos bien qué nos encontraremos.

Decidimos esperar en unas piedras ya que empieza a clarear el día. Cámaras de fotos preparadas y… ¡Wow! Estamos en plenas ruinas, y la imagen del amanecer es espectacular.

Nos quedamos allí hasta que sale el sol del todo. Hay muchos perros. Doy una vuelta a las ruinas y subimos a una de ellas.

Ahora si, decidimos ir hacia otra zona. Igual que las ruinas de Sukhotai de ayer, Ayuthaya es una antigua ciudad, así que tiene un montón de zonas espaciadas entre sí para ver. Siguiente zona el buda tumbado. Es enooooorme.

Aquí, unas cuantas fotos para los montajes de Katz jeje

Ahora vamos a ver si encontramos la oficina de información turística, esperamos que haya taquillas para poder dejar las mochilas, ya que no veo el estar todo el día cargando con ellas. Eugene está encantado, nos sigue cual perrillo jeje

Siguiendo el mapa, llegamos donde está la oficina de turismo. Pero la ventanilla está aún cerrada, y es que es muy pronto. Me siento en un banco y de repente veo un lagarto enorme en medio del paseo por el que hemos venido. Al acercarme se mete en el agua rápidamente y se aleja nadando. No sabemos lo que es.

Cogemos café para el segundo desayuno, y comemos de las galletas del bus de nuevo jeje Eugene me da una galleta que dice es exquisita, a mi no me va mucho, demasiados cereales mezclados con pasas y cosas.

Un rato después vuelvo a ver al lagarto, y cuando está a punto de salir Eugene no nos hace caso y se acerca, así que vuelve al agua y se vuelve a marchar. Al cabo de otro rato, le veo de nuevo que se acerca a la orilla, y cuando está saliendo les digo a los chicos que miren despacio. Vemos cómo sale del agua, y cruzando el camino, se mete en otro lago que hay al otro lado. (A la vuelta hemos buscado qué era semejante bicho y le llaman varano).

Pasan unos elefantes por nuestro lado, incluso algunos pequeños, y es que junto a donde estamos hay una zona donde se puede montar en un elefante y hacerse fotos con ellos.

Abre la oficina de información pero nos dicen que no es la del parque, así que de nuevo con las mochilas a los hombros nos vamos en la dirección que se supone que está.

De camino Eugene y yo nos quedamos atrás haciendo un par de fotos, y Katz se adelanta hacia un módulo que es la oficina de información. Cuando llegamos allí veo que está hablando con un chico, y nos dice que el chico nos deja “abandonar” nuestras mochilas allí gratis por el resto del día. Me fijo en su uniforme y en el logo del módulo… “Katz, esto no es la oficina de información, esto es la policía turística”.

El chico muy majo dice que no importa que dejemos allí las cosas, que allí nadie se va a atrever a robarlo (eso es verdad jeje). Así que metemos nuestras mochilas en la lancha (¿qué hace allí esa lancha?), y nos vamos al siguiente edificio que sí es la oficina de información.

Ahí quedaron nuestras mochilas 😁

Mapa conseguido. Comenzamos a andar hacia otra zona de ruinas principales, pasando por varias más.

Junto al Wat Mahathat, la zona principal del Parque Histórico de Ayutthaya, está la nueva ciudad, y hay diferentes locales que alquilan bicis. Elegimos uno y cogemos tres bicis para todo el día. Creo que son de las más cutres jajajjajaa

Aprovechando que estamos junto a las ruinas más famosas de Ayuthaya, y que salen en alguna peli como Kickboxer, aprovechamos para verlas antes de alejarnos.

Cual serie de verano azul (las bicis se aproximarán a esa época), vamos de unas ruinas a otras. En todas las entradas hay zona especial para aparcar las bicis, así que es bastante cómodo.

Hay uno de los templos al que se puede subir. Ya arriba vemos que hay una entrada con unas angostas escaleras que bajan con bastante pendiente por dentro del templo. Bajo, y al fondo hay un pequeño cuarto con las paredes pintadas.

¡Hola Eugene!

Le digo a Katz que entre, que está chulo, y decimos a Eugene que entre a verlo que está chulo. No le pega ni un vistazo y ya está subiendo, parece agobiado el pobre.

Terminada ya esta zona, nos planteamos qué hacer y a qué otra zona dirigirnos. El que lo tiene más estudiado es Katz, así que me limito a apoyarle en sus decisiones y a pedalear detrás suyo. Como Eugene quiere ir a consultar horarios de trenes a la estación, decidimos acompañarle y desde allí ir a ver varios templos y budas sueltos que quedan por esa parte de la ciudad.

Cogemos la calle principal de la ciudad, y nos ponemos a dar pedales. Me parece un poco peligroso, no voy tranquila atenta a bicis, motos, tuk-tuks, furgonetas, vans, coches, autobuses, peatones…

Vamos primero a consultar el horario de las vans, ya que a nosotros nos viene mejor este medio de transporte para llegar a Bangkok. En una de estas me giro para mirar si viene algún coche y casualidad veo una van que se lleva por delante una moto, al mismo tiempo que oigo un ruido seco. Un chico queda tendido en la carretera mientras sale el conductor de la van.

Poco podemos hacer, así que cruzamos y preguntamos horarios de minibuses y vans, y seguimos la ruta a la estación de tren. Por el medio de la ciudad, vamos dejando atrás calles y puentes, hasta que un ratazo después, que a mi se me hace eterno con el calor y la sudada que llevo, encontramos la estación.

Esperamos a Eugene fuera mientras va a preguntar, se le cuelan. Cuando sale con la información, vamos al siguiente templo que Katz tiene fichado.

Para ello hay que meterse en plena ciudad, compartir con los coches y motos las carreteras, cruzar semáforos, etc. Llegamos al templo, pagamos la entrada y para adentro. Dejamos las bicis y andamos despacio, viéndolo todo: los budas, los turistas, los monjes…

Nos separamos de Eugene, que va más despacio aún, y seguimos para adelante. Rodeamos el templo, y al dirigirnos a las escaleras para subirlo me encuentro un billete en el suelo… habrá volado de alguna ofrenda a los monjes, a nosotros nos viene estupendo también jeje.

Después de ver el templo por dentro, nos dirigimos al buda reclinado. Alucinamos al pasar junto a un pequeño altar, hay ofrendas de Doraemones…

El buda reclinado está muy chulo también. Es curioso ver cómo la gente intenta que las monedas que dejan como ofrenda, se queden pegadas a la planta plana de los pies del buda (si lo consigues se cumple tu deseo jeje).

Volvemos a la zona de las bicis y nos sentamos a esperar a Eugene. Al rato llega, y duda si ir ya a recoger la mochila e irse a la estación o acompañarnos hasta el siguiente templo. Indeciso el chaval, le cuesta un triunfo decir que sigue con nosotros un ratito.

Seguimos hasta el siguiente templo con Katz como guía improvisado del día de hoy. Pasamos junto a unos puestos que venden bolsas con agua y peces dentro, y bolsas gigantes como de cheetos de colores… Son demasiado grandes como para comprarnos una para probar, pero por falta de ganas no es jeje.

Llegamos al templo, compramos la entrada, aparcamos las bicis y para adentro. Hay un montón de gente haciendo compañía a un buda enorme y dorado. La gente compra telas naranjas para que se las pongan al buda.

Casi sin quererlo, nos vemos inmersos en plena “misa” budista, con las telas naranjas por encima de nuestras cabezas mientras los monjes entonan unas palabras y unas canciones y la gente les sigue. Es emocionante.

Al acabar salimos, contentos de haber presenciado esa ceremonia. Eugene se despide, dice que se va para no perder el tren.

Mientras nos calzamos vemos cómo la gente compra ofrendas, inciensos para quemar, y cómo dan mazazos a los gong de la entrada. Hay alguno que le da con ganas, y se nota que es un turista más como nosotros.

¿Y ahora qué? Esa es la siguiente pregunta… Por el mapa parece que por aquí cruzan unas barcas el río, y de esa forma quedaríamos mucho más cerca de las ruinas y no tendríamos que volver a dar el rodeo por el centro de la ciudad… Vamos a probar.

Rodeamos el templo y preguntamos a un señor y una señora a ver si saben lo de las barcas… casualidad la señora es española, y ni idea de lo que les decimos. Un poco más adelante hay como un muelle.

Aparcamos las bicis y bajamos… hay algo curioso… centenares de peces están ahí, comiendo… ¡los cheetos de colores que hemos visto que vendían antes! La gente les da de comer, e incluso les compra para liberarlos ya que para ellos son sagrados. Increíble la lucha que tienen entre ellos para pillar bocado, se tiran unos encima de otros, las bocas abiertas…

Recogemos las bicis y vamos hacia el muelle de al lado, nos preguntan, decimos que queremos cruzar, y subimos las bicis a una barca. Entra el capitán (está como una cuba), y nos lleva al otro lado del río. ¡Qué alegría! Nos hemos ahorrado una buena paliza…

Antes de comenzar a dar pedales de nuevo, comentamos la jugada… esto es… ¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos? Quedamos en que si encontramos algún sitio que ponga pad-thai comemos de camino a las ruinas. Esto se ve como una zona nada turística, así que suponemos que más auténtica que los puestos que hemos visto esta mañana en las ruinas.

Así que dando pedales comenzamos a avanzar, ya con sed y hambre. Paramos y preguntamos en cada sitio que parece que dan comidas, pero no nos hacemos entender. Repetimos la operación unas 4 ó 5 veces, hasta que damos con una chica que parece que nos entiende, así que pedimos dos platos de pad-thai de pollo (chicken). Repetimos la palabra pollo en dos o tres ocasiones para que quede claro, la chica asiente. ¡Por fin vamos a comer!

Mientras nos prepara la comida y como allí no tienen cervezas y nos apetece una bien fresquita, cruzamos la calle y compramos enfrente una botellita de cerveza de medio litro fresca y rica. Nos sentamos a la mesa y al poco nos traen los platos… ¡qué pinta! Lo pruebo, y creo que es uno de los mejores pad-thai que comeré durante el viaje.

Cuando casi la mitad del plato ha volado ya, me doy cuenta y le comento a Katz que no veo pollo en el pad-thai, él en el suyo tampoco. Mi cabeza piensa y… claro, al decirle chicken tienen una idea de lo que es… ¡pero en lugar de pollo nos han echado huevo! Jajajajaa

En las bicis de nuevo, vamos dirección ruinas. A ver si nos da tiempo de ver alguna cosilla más antes de comenzar la vuelta a Bangkok. De camino una fuente apagada pero curiosa con mucha flor de loto.

Katz mapa en mano va guiando. Quiere que vayamos a conocer un conjunto de templos alejados de las ruinas principales, pero no sabemos muy bien cómo llegar. Así que hay que ir descifrando el mapa.

Suerte que cruzamos un mercadillo al cabo de un rato, y compramos un granizado de manzana verde… ¡joe qué rico! ¡Qué bien entra!… a algunos mejor que a otros, porque Katz se mete unos tragos tan enormes que le sienta fatal cada sorbo jeje

Llegamos a esta parte alejada de las ruinas, justo entramos con 4 chicos de España. La batería de la cámara está ya fundida, así que nos conformamos con mirar (y sacar alguna fotillo chunga con el tlf jeje).

Vuelta a las bicis, toca deshacer el camino. Ya hemos visto todo lo que nos interesaba, así que la idea es pensar en marcharnos ya hacia Bangkok, aunque aún queda tiempo hasta la hora tope que nos hemos puesto.

Decidimos coger las mochilas y pedalear con ellas hasta el puesto donde devolveremos las bicis. Katz duda un poco de ello, pero yo con lo cansada que estoy creo que las fuerzas no me llegarán para ir primero a devolver la bici, y después ir andando a por las mochilas y volver andando también con ellas a cuestas. La ida y la vuelta a pata será aproximadamente hora y media, y yo no doy para tanto.

Así que una vez con las mochilas a cuestas, un panorama vernos, cada uno con la mochila grande detrás y la pequeña delante jajajaa

Devolvemos bicis y… ¡libres!!!! ¿Qué hacemos ahora? Mmmmm ¿y si habría por aquí algún sitio para un masaje? Dicho y hecho, al poco de empezar a andar vemos un local de masajes, nos tomamos un refresco en el bar de al lado (nos lo merecíamos ya), y para adentro.

Salimos del masaje como nuevos, ahora a la parada de las van. Casi no nos da tiempo ni de preguntar, justo se va una y subimos como podemos en algún hueco que queda libre.

Katz pregunta si alguno va hacia nuestra calle para así compartir taxi después y una pareja que va sentada delante dice que ellos, así que luego hablaremos.

El conductor va a toda leche, adelantando y conduciendo muy brusco, parpadea un montón e incluso los chicos que van en primera fila van atentos a no dejarle cerrar los ojos, ya que se va quedando dormido.

Pero llegamos, ¡por fin llegamos! Bajamos de la van, nos presentamos (él es argentino y ella uruguaya, residentes en Málaga), y a buscar taxi. Al quinto que se pregunta conseguimos que nos lleve.

Una vez allí, vamos con los chicos a tomar algo por la zona y cenamos un pad-thai con unos rollitos. Bastante soso, pero la charla es animada hasta que nos tenemos que despedir de ellos.

Vamos a la tienda de Lomprayah, donde compramos los billetes el otro día para Koh Tao, para hacer el check-in. Nos dejan ir al baño, organizamos mochila y ponemos pegatina. Ya estamos listos, así que nos vamos a una plaza a 5 minutos de allí que es de donde sale el bus. Hoy toca bus nocturno hasta Chumphon.

El autobús es de lujo, asientos muy cómodos y amplios. Vamos muy poca gente por el mal tiempo que está haciendo por Koh Tao, pero esperamos tener suerte y que no llueva tanto como dicen. Nos distribuimos para tener dos asientos para cada uno, mantita por encima, y a dormir se ha dicho.

Algunos lo consiguen mejor que otros, de hecho se de uno que ni se entera de la parada en un área de servicio.

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