2016.12.06… de Bangkok a Sukhothai

Por fin suena la alarma, la apago rápido. Reagrupo todas mis pertenencias distribuidas a lo largo de la cama y pegadas a mi cuerpo, tales como mp3, móvil, tapones, calcetines y deportivas…

Como me ha tocado una litera alta, tengo que bajar por la escalerilla… me pongo a ello y de repente piso algo, me tropiezo, intento seguir bajando aunque me resbalo un poco… al chico de la litera de abajo se le ha ocurrido dejar en las escaleras una toalla, y cuando he conseguido apartarla para no pisarla, me he tropezado con una percha colgada también en las escaleras y que ha caído encima de él.

Noto movimiento pero ni miro, me acerco rápido a la cama de Katz, le despierto, y cogiendo mi mochila salgo de la habitación lo más rápido que puedo.

En el baño me cambio de ropa y ya estoy lista para comenzar la jornada. Me encuentro fuera con Katz, y bajamos a la calle. Aún está oscuro, son las 4:50 de la mañana. Nos dirigimos a una calle donde ayer en la oficina de información turística nos dijeron que paraban los autobuses a la estación.

Llegados a la parada, quitamos las mochilas y a esperar. Pasan autobuses, al principio unos pocos pero cada rato más. Preguntamos a la gente que pasa por allí, pero es difícil la comunicación y todos nos dicen que sí, que para allí, pero nosotros no vemos nuestro número.

Se nos acerca un italiano, borracho aún a esas horas, que se pone a hablarnos de la vida, ¡qué pesado! Tras 10 minutos sin hacerle mucho caso se larga. Hay ardillas saltando por los cables y por las fachadas de los edificios.

Seguimos esperando pero ya son las 6, llevamos esperando más de una hora y nada. Decidimos darnos 15 minutos más, y sino coger un taxi. La ciudad ha despertado ya hace un rato. Los comercios de enfrente nuestro empiezan a abrir y a preparar fogones y puestos con comida, bebida, y cosas varias para la casa.

Al final Katz empieza a parar taxis. Uno se niega a llevarnos, y arranca nada más saber cuál es nuestro destino. Otro no quiere poner el taxímetro y quiere cobrarnos una burrada. Al final consigue uno que pone el taxímetro y nos montamos a las 06:15. Katz va alerta con el móvil por si nos da un rodeo, pero el chico es legal y nos lleva por el trayecto más corto.

Pillamos un pedazo de atasco en una de las calles principales de 3 carriles en cada sentido. Cuando llegamos a la estación le pagamos y vamos rápido a la ventanilla a comprar los billetes para ir a Sukhotai. Billetes en mano, nos dicen el número de andén y vamos para tenerlo controlado. Sale a las 7,30, así que tenemos un poco de espera.

Vamos al súper, compramos varias cosas para el desayuno (galletas, bollos rellenos de chocolate negro, pan integral con pepitas de chocolate…), zumo… Y cogemos Katz un chocolate y yo un expreso. El mejor café del viaje.

Vuelta al andén, desayunamos mientras esperamos a poder subir al bus. Poco después el conductor nos hace señas, dejamos las mochilas en el maletero y subimos a la parte de arriba del bus. Elegimos asientos, y comenzamos la ruta.

La idea es que llegamos a Sukhotai a mediodía, así que tenemos la tarde libre para ver la ciudad antigua, y mañana cogeremos un bus a primera hora para Ayutthaya, así que tenemos dos días de bus intensos.

La salida de Bangkok es lenta, pues hay mucho tráfico. Luego se hacen interminables los kilómetros, siestas a ratos ya que los ojos se me cierran con lo mal que he dormido.

Cuando llevamos unas horas ya de viaje, sobre las 12 el bus para. Nos preguntamos si eso será ya Sukhottai, pero no. Es una parada del bus en una estación de servicio. Nos dicen que queda como a una hora.

En la tienda paquetes de gusanitos naranjas gigantes.

Voy al baño.

En la zona del comedor, cogemos unas bolas como albóndigas para picar algo y probarlas, pero no me gustan nada, parecen crudas aunque por lo que vemos se comen así.

Nos sentamos fuera frente al bus en un banco, a nuestro lado un padre con su hija de unos 6-7 años. Como tenemos algo de hambre, sacamos el jamón para picar. Damos un trozo a la niña y otro al padre. Él lo come por educación, la niña después de probarlo se lo da al padre porque no le gusta jajajaja.

Volvemos al bus, ya queda menos… ¡o eso pensamos! El bus sigue y sigue, hace alguna parada y cada vez que para preguntamos “¿Sukhothai?”, pero cada vez nos contestan meneando la cabeza. A falta de pocos minutos para las 4 de la tarde, el bus para. Ahora sí, estamos en Sukhothai.

Bajamos y no sabemos qué hacer. Hemos tardado muchas más horas de las pensadas para llegar, así que vamos a los mostradores de las compañías de bus para consultar los horarios de los buses de mañana de aquí a Ayutthaya. La idea es coger un bus a primera hora que nos lleve allí llegando a media mañana y ver las ruinas hasta media tarde que tenemos que irnos a Bangkok… Pero los primeros buses salen sobre las 8 de la mañana y no llegan allí hasta las 3 o más del mediodía… sin darnos tiempo a visitar Ayutthaya.

¡Menudo dilema!!! ¿Sukhothai o Ayutthaya? Tenemos que elegir, o quedarnos aquí y mañana coger un bus de vuelta directo a Bangkok sin pasar por Ayutthaya, o ir ya mismo para Ayutthaya sin ver Sukhothai… Pero… no sé cómo, hay una idea que empieza a coger forma. Es una paliza, pero creemos que se puede hacer. Hay un bus nocturno de Sukhothai a Ayutthaya que sale a las 10 de la noche. El “pero” de esta idea es que ya tenemos reservado hotel aquí en Sukhothai y perdemos el dinero.

Vamos al hotel que está enfrente, y soltando alguna mentirijilla, no nos devuelven el importe de la habitación pero podemos usarla hasta que nos marchemos, y nos dejan las bicis gratis para ir a las ruinas. ¡Trato hecho!

Entramos en la habitación. Está genial, incluso tenemos dos botellas de agua de bienvenida que nos van a venir estupendamente para la intensa tarde que se avecina. Salimos y empezamos a elegir bici. Cuando ya tenemos elegidas dos de ellas que más o menos van bien, nos dan los cascos y… ¡vamos allá! 4 metros más allá casi sin haber salido del hotel, Katz frena en seco y dice… “No, mejor cogemos moto”

Hablamos con los del hotel y nos hacen un pequeño descuento. Así que sin pensarlo dos veces, salimos del hotel motorizados y con un pequeño plano que nos dan para explicarnos cómo llegar a las ruinas. Primera parada, estación de buses. Compramos los billetes nocturnos a Ayutthaya, y salimos disparados a las ruinas. Se nos está haciendo tarde.

No sé por qué motivo se le cruzaron los cables a Katz y decidió en unos segundos cambiar las bicis por la moto, pero fue la idea más brillante del viaje.

Vamos casi por el arcén de la carretera, ya que todos nos adelantan. Dejamos atrás el pueblo, y vamos pasando casas, puestos de comidas, colegios… Tardamos casi media hora en llegar… ¡y esto en moto! Si llegamos a venir con las bicis…

En la entrada nos dejan pasar. Nos acercamos a comprar ticket pero no, es gratis gracias al difunto rey. Nos dan un mapa del recinto, y nos dirigimos primero a la zona más grande que vemos, que además es la más cercana a la entrada.

Bajamos de la moto, y me estoy quitando el casco cuando Katz dice: “Creo que la he liado”. ¿Qué ha pasado? Pues que se nos ha bloqueado la moto, y no gira a los lados, y no sabemos desbloquearla… ¡mecagüen! Veo que vienen unas chicas en unas motos y les hago señas y las paro. Se acercan, les explicamos lo que pasa, y enseguida nos dicen cómo desbloquearla… ¡ufff que susto!

Paseamos entre las ruinas, son preciosas. Los reflejos en los lagos alucinantes. Mientras estamos viendo esta parte empieza a oscurecer y un señor empieza a encender unas velas en la zona central.

Nos marchamos a ver si conseguimos ver alguna otra zona. Con un poco de prisas, pero conseguimos ver otras zonas de las ruinas. Incluso nos da tiempo a perdernos, queremos ir a un templo que está más apartado pero no sé cómo miramos el mapa que hemos acabado en otro sitio diferente…

Ya con oscuridad total, volvemos a la zona principal que ahora está iluminada y con sonido.

Después de un rato de absoluta tranquilidad por allí, que hoy ya necesitábamos, decidimos ir ya hacia el pueblo. Nos suena haber visto unos puestos de comida al venir, así que la idea es parar allí a ver si vemos algo que cenar.

Llegamos a los puestos rápidamente. Es una zona junto a la carretera en la que habrá unos 15 puestos con diferente comida, desde salada a dulce, desde shushi a pescado pasando por salchichas, y muchas cosas difíciles de explicar ya que allí no las tenemos. Somos los únicos turistas. La gente nos mira curiosa y divertida.

Al final cogemos dos crepes diferentes para probar, y Katz se coge unas bolas como de pan rellenas de cerdo. Están super calientes así que vamos hacia el pueblo sin que las pruebe, a ver si se enfrían un poco. La idea es buscar un sitio donde den masajes… Nos bajamos de la moto y Katz prueba las bolas esas, le gustan. Yo pruebo un poco del pan exterior que es como esponjoso, está rico.

Vamos a lo largo de la calle principal del pueblo. Con lo famosos que son los masajes de Tailandia y aquí no vemos ni un local. Ya cuando casi nos damos la vuelta, vemos uno. ¡Pues aquí! Entramos al masaje. A mi me toca la señora más mayor. Una hora de masaje, donde me clava los dedos en sitios que duelen mucho, me estira músculos que aún no tengo desarrollados, y hace que me retuerza y me calle un par de gritos de vez en cuando. Pero qué bien me deja… salgo como nueva. ¡Increíble masaje!

Motorizados de nuevo llegamos al hotel y repostamos apenas 5 eur. Devolvemos la moto y en la habitación aprovechamos para ir al baño, cambiarnos de ropa y asearnos un poco. Tenemos por delante una noche en bus.

Nos despedimos del hotel, y vamos a la estación. Cuando llega el bus nos hacen dejar las mochilas dentro en la primera planta pero nos dicen que nosotros subamos a la de arriba.

Y menos mal, porque en la primera planta hace un frío helador, tienen el aire acondicionado a tope, y arriba también hace frío pero no tanto. Por algo hay una manta para cada uno en los asientos jejeje.

Nos sentamos en los asientos que nos dicen y cuando se suben todos arrancamos. Aún no hemos dejado Sukhothai atrás y nos están dando unas galletas y una bebida que no tengo ni idea de qué es, pero que Katz prueba y no le gusta.

Intentamos dormir, Katz se va a un par de asientos libres, yo me quedo en el mío. Hace mucho frío y el motor o lo que sea del bus hace mucho ruido. No pasa ni hora y media cuando el bus para. Dicen algo y la gente empieza a bajarse. No nos enteramos de nada.

Logramos entender (o imaginar) que el bus está estropeado y nos tenemos que cambiar a otro. Todo esto cuando estamos intentando dormir sienta fatal, así que cogemos las galletas que han sobrado de repartir a la gente, y al final salimos del bus con desayuno para varios días jajajajaa

Entramos en el otro bus, y los asientos no son tan amplios, pero sigue haciendo frío. Intentamos dormir un poco, pero es difícil.

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