2016.12.05… vuelo Shanghai-Bangkok

Suena la alarma. Nos levantamos y vestimos rápido, ya tenemos todo organizado. Bajamos a recepción y los recepcionistas están durmiendo. Uno de ellos se levanta, nos devuelve la fianza y nos despedimos.

Misma calle de ayer pero de vuelta a las 06:30 de la mañana… no parece la misma. La calle está casi vacía.

Cogemos el metro hasta la parada del tren magnético. Cuando llegamos aún no ha abierto, así que nos ponemos a la cola ya formada para entrar rápido. Pasamos el control de seguridad y entramos al tren. Desayunamos el yogurt que compramos ayer. En 10 minutos en el aeropuerto. Como ya lo tenemos controlado vamos rápido a hacer el check-in.

Con las tarjetas de embarque ya en mano, vamos al control policial… y la ley de Murphy entra en acción: nos ponemos en una fila lentíiiisima. Vemos desaparecer gente por las otras y nosotros seguimos allí, se nos cuelan unas chinas que van en grupo con otros.

Me fijo en un asiático que tiene puesta una diadema como la que yo tenía hace años, de esas de plástico como con pinchos que se incrustan en la cabeza jeje

Llegamos al control, y entonces entiendo el tiempo que hemos esperado… miran detenidamente cada mochila. Si ven algo extraño hacen abrirla y vuelven a pasarla de nuevo por la cinta. Los mecheros los quitan a todo el mundo.

Total, que habíamos llegado con bastante tiempo al aeropuerto, y en este control se nos ha ido todo… llegamos a la puerta y nos ponemos a la cola, ya casi están embarcando.

Vuelo aceptable, no hay pantallas individuales y repiten 2 veces la misma peli jajajaja A mi me da igual, porque yo me voy quedando sopa.

Llegada a Bangkok, pasamos el control policial, y nuevo sello en el pasaporte.

Entro al baño y me quito algo de ropa para no achicharrarme. Cambiamos algo de dinero para empezar a manejarnos por aquí y salimos a la calle… ¡Qué gustazo! Hace muy buena temperatura, aunque yo aún estoy algo destemplada.

Vamos a la parada de taxis. Hay unas máquinas en las que sacas un numerito y vas al taxi que te ha tocado. Nuestro taxista no habla inglés, pero Katz se hace entender a dónde vamos y le va controlando con la aplicación de móvil de Maps.me, por si nos da mucho rodeo o nos intenta timar jeje.

Hay muchísimo tráfico, es una pasada. Se ven rascacielos, edificios “normales” (y digo normales porque yo me pensaba que al ser Asia serían algo… no sé… diferentes jeje)

Llegamos al comienzo de la calle Ram Buttri, donde está nuestro hotel, así que bajamos del taxi y mochilas a la espalda nos ponemos a andar buscando el hostal. No se ve a mucha gente en la calle, pero la que se ve es toda guiri.

Muchos bares, algún restaurante, locales de masajes, algún puesto de comida callejero, hoteles, hostales, carteles, cables, más carteles, más cables…

Finalmente preguntamos al chico de un puesto de comida callejero que hace gambas a la plancha (y por cierto con muy buena pinta), y nos manda en el otro sentido. Vuelta para atrás, llegamos a la intersección de antes… ¡y es que la calle sigue por el otro lado! Otro buen número de puestos callejeros, carteles, hostales, más carteles, restaurantes, bares, más hoteles… En fin, esto está hasta arriba.

Encontramos el cartel de nuestro hostal, y entramos en un portal estrecho con un pasillo alargado dentro. Llegamos al final, y cuando vamos a dar la vuelta pensando que aquí no es, vemos el cartel del hotel con una flecha para arriba… esto nos pasa otras 3 o 4 veces más, mientras subimos todos esos pisos a pie con el equipaje a cuestas.

Lo primero que se ve al entrar es una mesa donde está el recepcionista, con unas baldas detrás suyo donde tienen sábanas y toallas, y que hacen de separación entre esa “recepción” y la sala de estar, donde hay una mesa alargada y luego varias mesas más pequeñas. Hay gente joven por allí, todos conectados a los teléfonos u ordenadores.

Dejamos el equipaje en las dos camas que nos han asignado en una habitación de 8, y nos cambiamos. Hace demasiado calor para salir con esta ropa.

Mientras yo me quedo con la juventud en la sala, Katz baja a cambiar euros a baths. Cuando llega está ya bañado en sudor, pero no nos podemos quedar aquí, así que mapa en mano salimos a ver qué hacemos hoy.

Como el rey ha muerto en octubre (cuando estábamos en Honduras), Katz ha leído que había alguna ceremonia en su honor, así que vamos a intentar encontrarla. En la mochila mi camiseta negra de manga corta y una negra de manga larga de Katz.

Lo primero, ir a comprar los billetes de bus y ferry para ir a Koh Tao. Nos dirigimos a la tienda de Lomprayah a comprarlos, o eso pensamos porque damos un par de vueltas, pero llegamos bastante rápido.

Compramos el billete de bus de ida a Chumphon la noche del miércoles, saliendo desde aquí, y el ferry del jueves de Chumphon a Koh Tao. Tenemos que estar aquí el miércoles a las 8 a más tardar.

Ya lo principal hecho, decidimos ir andando a ver si encontramos las ceremonias al rey, pese a la insistencia de los tuk-tuk. Paseando tranquilamente, pasamos junto a un templo y entramos. Es el Wat Chana Songkhram. Al ser el primero todo me llama la atención.

Salimos y vamos a la zona del Palacio Real. Vamos viendo a lo largo del camino crespones blancos y negros, los colores del antiguo rey.

Llegamos al lateral del Palacio Real, y vemos a gente esperando de pie. ¿Será aquí donde hagan la ceremonia? Seguimos andando hasta toparnos con el río… media vuelta y a ver si conseguimos que alguien nos entienda, vamos a preguntar a alguno de los que esperan por ahí.

Antes de cruzar la calle, veo que hay una oficina de información turística. Nos dice que hay una celebración en la plaza del Ayuntamiento por la noche. ¡Genial! Anotado queda… Además, nos dan información de autobuses para Sukhothai y Ayutthaya. Fuera, tienen un pequeño estanque bastante sucio… ¡donde hay peces y tortugas! No sé ni cómo pueden respirar…

Vamos hacia donde está la gente. De camino me parece bastante raro que se ve mucha poli, hay varios camiones convertidos en baños como aquí en txosnas… Se lo digo a Katz, pero no tenemos ni idea…

Hasta que llegamos a un punto donde vemos que está entrando bastante gente después de pasar un control policial. ¿Qué hacen ahí? ¿Entramos? Pues venga, vamos allá. Camisetas negras puestas y a la entrada.

Nos paran y nos piden pasaportes. Nos preguntan qué hacemos allí y decimos que vamos a honrar al rey, miran bien los pasaportes y nos dejan pasar.

Hay muchísima gente, todos de negro. Colas y más colas, nos damos cuenta de que las colas son para comida. Pasamos junto a un pequeño mostrador improvisado y nos regalan un botellín de agua.

Un señor que va con una traspaleta con un montón de botellines la mueve brusco y se le caen varios botellines. Le ayudo a recogerlos y el último me hace señas para que me lo quede y sigue su camino.

Sin saber muy bien seguimos para adelante, mirando con curiosidad hacia todos los lados. Llegamos a una verja donde hay otro poli, y nos dice que sigamos hacia delante.

Seguimos a la gente. Hay miles de sillas perfectamente colocadas bajo un toldo, la mayor parte de ellas vacías, que son ocupadas en orden por la gente que entramos. Nos sentamos en las que nos tocan, aunque al poco cambiamos para que una familia pueda sentarse junta, lo cual nos agradecen con una sonrisa.

Pasan dando comida, batidos, posters del rey… Katz se atreve y coge uno de los paquetitos de comida. Envuelto con papel plastificado como los de la carnicería, así que no sabemos qué hay dentro. Lo abre y es un pad-thai con trozos de… ¿pescado?

No lo tenemos muy claro, pero a él no le va mucho y acabo comiéndolo yo con los palillos que nos dan. Los trozos no los como, pero el resto está muy rico. Katz se atreve con otro paquete y es un arroz, más soso que mi pad-thai.

Nos ofrecen agua, refrescos, una y otra vez, cada vez que pasan. La gente está extrañada de vernos ahí pero nos miran con una sonrisa. Intentamos preguntar qué hay que hacer, ya que llevamos un rato sin movernos y tampoco queremos pasarnos toda la tarde ahí, pero no somos capaces de comunicarnos.

Hasta que la chica que habla un poco de inglés se levanta y vuelve al rato con otra, que habla inglés bien. Nos explica que eso es para entrar a ver el féretro del rey y presentarle nuestros respetos. Que podemos pasar pero antes debemos ponernos unos pareos que nos prestan gratis porque mi pantalón no es totalmente negro. La espera es por lo menos para dos horas.

Así que, decidimos marcharnos. Sería demasiado tiempo allí sentados. Además, tenemos el estómago lleno gracias a Su Majestad así que tenemos energía para andar otro rato jeje.

Al salir de este recinto interior volvemos a la zona donde están las largas colas de gente esperando comida o bebida. Vemos otras colas donde reparten algún mini bollo industrial de desayuno, así que hacemos cola y ya tenemos desayuno para mañana.

Salimos de todo este recinto, (¡menuda la que tienen montada!), y nos ponemos dirección al Ayuntamiento, aunque ya vamos justos de tiempo y no creemos que nos de tiempo a ver el espectáculo.

De repente, la gente se para y se sienta. No sabemos qué pasa, pero hacemos lo mismo… A los pocos minutos, y sin previo aviso, todo vuelve a la normalidad.

Tranquilamente andando por la calle vemos de repente que mucha gente viene en nuestra dirección corriendo. Le digo a Katz que allí regalan algo, así que riendo damos media vuelta y les seguimos. Parece un super maratón. Llegamos al inicio, una chica nos da un papelito con un número y nos hace una raya negra con un rotulador en la muñeca. Todos corren rápido hacia delante, así que sin ser menos les seguimos a la carrera, hasta que llegamos a una cola que está más parada.

Me entra la risa, estamos aquí mezclados e intentando seguirles sin ni siquiera saber qué pasa. Al final de la cola una chica nos recoge los papelitos, y… ¡corro hacia una chica al fondo, que da palmas y se ríe mientras anima a correr!!! Llego a ella y me regala… ¡una hucha! Jajajjajaa

Guardamos las dos huchas en la mochila y seguimos nuestra ruta. Ha sido un momento muy divertido. Llega un momento en que estamos un poco perdidos, y cerca nuestro vemos en el mapa un templo, el Wat Saket, así que decidimos ir a verlo.

La cosa es que aunque parezca cercano, cruzamos puentes, andamos por callejones, ¡hasta visitamos otro templo que nos encontramos de camino! El Wat Thepthidaram…

Damos un pequeño rodeo ya que no hay una ruta recta para llegar al Wat Saket. Y por fin llegamos a su entrada, nos sale gratis no sabemos muy bien si por la hora o por qué motivo.

Cruzamos la verja, cogemos un camino a mano derecha, y cuando llegamos a unas escaleras (con un Buda a sus pies con los tres famosos monetes) comenzamos a subir, ya que el templo está en lo alto.

Escaleras y más escaleras, se suben bastantes. A mitad de camino y en un descansillo varias campanas. Seguimos la subida hasta que encontramos la entrada.

Hay varias estatuas de Budas, una de ellas verde (Katz me dice que es similar a la del Palacio Real sólo que aquí la tenemos al lado pudiendo tocarla y allí se ve de lejos jeje).

Hay unas escaleras en el interior que subimos y… ¡Alaaa!!! llegamos al tejado del templo, donde hay una campana dorada gigante, y unas vistas estupendas de la ciudad.

A pesar de los turistas allí congregados, me siento en un banco enfrente de la campana a escuchar unas campanillas encima de mi cabeza. Son de metal, y hacen diferentes ruidos, desde más grave a más agudo, pero es una musiquilla que me relaja, me recuerda que estoy en Tailandia.

Después de hacerme la típica foto tocando un enorme gong, nos disponemos a regresar tranquilamente andando al hotel.

Parece que no pero hemos andado bastante. Así que con calma y paciencia, proseguimos ruta…

Hasta que llegamos a un Torii… ¡qué grande! Fotos (cómo no), y cruzamos…

¿Qué es eso? ¿Porqué está vallado? ¡Cuánta gente! Acabamos de llegar al Ayuntamiento, justo ha acabado la celebración y la gente está saliendo y regresando a sus casas. Nos unimos a ellos sorteando los puestos de comidas, los puestos de recuerdos en memoria del rey con crespones negros en tela, en brillantitos, como anillos, como lazos para el pelo…

Según avanzamos se nota que la gente se va dispersando. Cerca ya de las calles guiris, quedamos “pocos” pululando por ahí.

En un puesto ambulante hay gente parada hablando y comiendo, me acerco a mirar y parecen buñuelos pequeñajos… se me acercan y me dan. Son gratis también en memoria del rey. Me ofrecen más y los rechazo, están ricos pero no me apetece dulce en estos momentos.

Llegamos al comienzo de nuestra calle, pero en lugar de ir hacia nuestro hostal, vamos hacia el sentido contrario. Allí Katz recuerda de un restaurante con mesas en el que se comía bien. Vamos a probarlo. Nos sentamos, y elegimos un plato de pad-thai vegetal con unos rollitos de primavera. Muy rico todo.

Ya con la barriga llena, yo tengo ganas de probar un masaje de los que tanto me ha hablado Katz. Vamos hacia uno de los locales de masaje en el que él se dio, pero no tienen sitio hasta las 10 de la noche y quedan dos horas. Estamos cansados, no vamos a aguantar. Así que media vuelta y a buscar otro.

Acabamos dándonos un masaje de pies en el siguiente local de masajes que encontramos. Me toca un chico que utiliza hasta un instrumento de madera para hacer más fuerza en ciertas partes clave del pie. Hay zonas en las que duele bastante, pero cuando termina se agradece el sentir los pies más descansados. Nos hacen darnos la vuelta, y nos dan un mini masaje en hombros y cabeza de 10 minutos incluido en el precio. ¡Madre! ¡Qué dedos! Cómo se clavan… ¡qué dolor!!!!

Acabado el masaje, nos sentamos tomando un té que nos ofrecen gratis (malíiiiiisimo, no sé de qué es pero no me gusta nada), y hablando con una de las chicas que nos pregunta de dónde somos. Le contamos nuestro día y nos dice que ella no ha podido ir a honrar al rey porque estaba trabajando. Entonces le enseñamos una de las huchas y se le iluminan los ojos, se la regalamos.

De aquí al hostel, ahora sí. Pedimos toallas, y nos damos una buena ducha. Organizamos todo y ponemos la alarma a las 4:30, hay que ir pronto a la estación de buses, mañana nos espera Sukhothai. A las 10 estamos en la cama, los únicos de la habitación.

Me entero cuando van llegando el resto de personas, me cuesta conciliar el sueño profundo inquieta no vaya a ser que no oiga la alarma y despertemos a todos. La manta se agradece, ya que el ventilador lanza un airecito fresco fresco.

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