2017.07.25… Visita de Laayoune y Tarfaya

Salimos de Bilbao a Laayoune y Tarfaya. Del día de hoy no esperábamos mucho, simplemente conocer un poco más una ciudad del Sáhara antes de pasar a Marruecos… Eso nos demuestra lo equivocados que podemos llegar a estar. Uno de los mejores días del viaje.

A la 1.30 de la madrugada el bus hace una parada. Yo no consigo dormir bien, a ratos dormito pero no son largos y no pillo postura. Katz se baja a ver el cielo por la noche, yo me quedo a ver si ahora que estamos parados y sin ruido consigo quedarme dormida, pero no hay suerte. Katz vuelve y dice que estaba chulo, pero no ha conseguido sacar foto buena. Las siguientes horas se hacen pesadas, con ganas ya de llegar a Laayoune.

Llegamos muy pronto, las oficinas no están abiertas aún para comprar los billetes de aquí a Tarfaya, así que nos sentamos en la sala de espera y pasamos allí el rato.
Cuando abren las taquillas Katz va a informarse y compra ya el billete para ir a Tarfaya (10 €), pero aún tenemos que esperar otro rato a que abran la zona de recogida de equipajes. Cuando lo hacen, somos los primeros en dejar las mochilas… ¡ahora a conocer Laayoune!

No tenemos ni idea de qué hay, ni un mapa ni nada, así que con la wifi de la estación de bus Katz ha mirado dónde está la oficina de información turística, y para allí que vamos. Al poco de comenzar a andar, vemos a lo lejos unas dunas enormes… ¡qué pasada! ¡Qué chulas, tan cerca de la ciudad! Se nos empieza a ocurrir que quizás nos de tiempo a hacer una excursión organizada en coche a las dunas, o que podemos pillar un taxi o algo… así que vamos emocionados pensando en las posibilidades que tenemos de ver un trocito de desierto tan cerca.

De un barrio normal junto a la estación, pasamos a una zona en construcción de grandes avenidas y parques donde no se ve gente. Todo muy nuevo. Muchas banderas de Marruecos por todas partes.

260. Pano, Laayoune 261. Laayoune

Llegamos a la oficina de turismo pero está cerrada aún. Preguntamos a unos chicos que vemos en el hotel de enfrente y nos dicen que abre a las 8.30, así que nos vamos a buscar desayuno.

192. Katz, Laayoune

Retrocedemos a una zona que parecía con algo más de comercio, y al poco vemos una cafetería. Entramos, y nos pedimos un desayuno de napolitana, zumo y café para mi y cola cao para Katz… con la inestimable ayuda de una chica que nos hace de traductora jeje. ¡Qué bollería tan rica!!!! ¡La han calentado un poco y sabe a gloria! Al final cae otra napolitana más, que están muy ricas, e iniciamos el día (3,50 €).

Volvemos tranquilamente andando a la oficina de turismo, que está a unos 15 minutos. El portón ya está abierto. Pasamos al interior de la oficina, pero todo está apagado y no hay nadie. Oímos ruidos fuera, salimos… ¡y hay dos hombres en el tejado! Uno de ellos nos pregunta qué queremos hacer, le decimos que queríamos información sobre cómo ir a ver las dunas… baja y nos da unos folletos que tiene por ahí guardados de hace años.
Nos escucha y nos dice que para ir a esas dunas vayamos nosotros mismos, le preguntamos si en taxi y nos dice que en taxi o andando… ¿andando? ¿Se puede andando? ¡plin!!!! Nos miramos, ya tenemos plan.

Salimos de la oficina de turismo, y con la mirada puesta en las dunas, echamos a andar en esa dirección. Nos metemos en un barrio obrero, calles a esas horas vacías, excepto por algún pequeño gato, alguna gallina que se oye encima de los tejados, y algún que otro que se marcha ya a currar.

Llegamos a un punto en el que Katz prefiere bajar e ir andando por el cauce seco del río, así que bajamos y vamos. Hace mucho viento. La verdad es que el paisaje es precioso, tiene unos contrastes de colores que van de los tonos ocres y rosados de las casas ahora allá arriba, los marrones y rojizos del cauce del río y las dunas al otro lado, los verdes de las diferentes plantas que crecen por allí, y las huertas y cultivos, y el azul del cielo. Ese azul limpio sin una sola nube.

Vamos por un camino por el que se ve que van coches porque hay alguna rodada, hasta que nos ponemos a cruzar el cauce hacia las dunas. Katz va delante tanteando el terreno, yo le sigo. De repente noto que mis pies se hunden un poco, le pregunto si él no se hunde, porque a mi como que se me mete el pie… y entonces se da cuenta… ¡está en arenas movedizas!!! Sale rápido, más de lo recomendable, así que sus zapatillas salen un poco perjudicadas jajajajaaaa. Las mías siguen casi impolutas.

Es increíble las formas en la arena y el barro que ha formado el viento. Llegamos a un punto donde hay un pequeño estancamiento de aguas, y hay que cruzarlo, porque no parece tener fin. Katz hace un puente con piedras, y lo cruzamos en plan hamburguesas de Humor Amarillo jeje

Vemos un rebaño de cabras a lo lejos, el perro que las guarda se nos acerca y nos ladra, pero nos deja tranquilos pronto.  Un rato después… ¡ya estamos!!!! ¡En las dunas! Parecían más pequeñas vistas de lejos… ¡qué fina es la arena! Y están intactas, sin una pisada, con las formas que les da el viento…

201. Pano, Dunas, Laayoune 203. Katz y Saioa, Dunas, Laayoune
253. Dunas, Laayoune

Subimos, corremos, saltamos, nos sentamos, hablamos, reímos, pensamos…

206. Katz, Pano, Dunas, Laayoune 227. Katz, Pano, Dunas, Laayoune
215. Saioa, Dunas, Laayoune
238. Katz, Pano, Dunas, Laayoune

No sé cuánto tiempo estamos aquí, pero nos ha encantado. ¡Estar rodeado en el desierto de dunas como estas tiene que ser la leche! A una hora prudencial, decidimos empezar el camino de vuelta, ya que no sabemos cuánto nos va a llevar.

Así que arena, puentecillos de piedras, rocas, tierra y unos cuantos pasos después volvemos a estar en el otro lado del cauce del río. Antes hemos venido por la izquierda… ¡ahora vamos a probar a ir hacia la derecha! Se ve más actividad en las calles, las tiendas abiertas, gente comprando, vendiendo, hablando, andando, cocinando… Al andar algo me va dando en las piernas, toco y es el choto de la sudadera, pero me resulta raro ya que no lo suelo notar… miro bien ¡y es que tengo un montón de arena dentro! Jajajaaa

Poco después nos damos cuenta de que hemos llegado al otro lado de la estación de autobuses en mucho menos tiempo, así que entramos a refrescarnos un poco. Ya refrescados y descansados, volvemos al centro a ver si encontramos algo para comer. Hay mucha gente pidiendo. No encontramos nada para comer. Eso si, llegamos hasta la gasolinera que imagino será la que conocía aita jeje.

259. Gasolinera, Laayoune
264. Laayoune

Damos la vuelta, y volvemos hacia la estación. Ya cerca compramos una botella de agua, un refresco y una torta de pan para calmar un poco el hambre (1,05 €). En la estación no nos queda mucha espera, cogemos las mochilas y salimos a esperar al autobús. Mismo sistema, dicen el destino y tú les das las maletas cuando dicen el tuyo. Subimos al autobús dirección Tarfaya.

El trayecto está muy chulo, con un montón de dunas alrededor. Cuando llegamos a Tarfaya, nos deja en una calle que parece la principal del pueblo. Como no vemos ninguna señal de hoteles, vamos hacia la playa ya que la guía indica que ahí hay un hotel. La verdad es que lo encontramos pronto.

Nos atiende un chico al que preguntamos por una habitación doble. Nos dice que esperemos y llama por teléfono, pero no viene nadie. Al final se va un momento y regresa con un señor que tiene pinta de que se estaba echando una siesta rica rica jeje. Nos lleva a ver dos habitaciones, una con baño privado y que está muy bien, y otra con baño compartido (pero para nosotros porque no hay nadie para compartirlo jeje) que tiene un poco peor pinta, pero que para una noche preferimos… hasta que hace una rebaja en la del baño privado. Nos vamos al final a ese lujazo de habitación, está genial (15 €).

Mientras Katz se ducha localizo un arácnido, y lo mantengo vigilado. El puñetero es el dueño y señor de la habitación, y en contra de lo que suelen ser sus congéneres, es decir, lentos, este se pega unas carreras por el techo de alucinar. Intento tenerlo controlado en todo momento, pero cuando salgo de la ducha ha desaparecido. Procuro no pensar dónde estará.

Ya duchados, ha desaparecido parte del cansancio. Vamos a la playa, es enorme, con muuuucha zona de arena casi blanca, y la Casa del Mar (antiguo puerto francés ahora en ruinas) le da un toque diferente. El mar está bravo, nos mojamos los pies y las piernas pero poco más.

278. Playa de Tarfaya 286. Saioa, Playa de Tarfaya
282. Katz y Saioa, Playa de Tarfaya 271. Katz, Playa de Tarfaya
274. Pano, Playa de Tarfaya

Recorremos la playa por la orilla hasta el final, donde está el rompeolas, y vemos que la playa continúa. Junto a la playa hay unos edificios que están abandonados y cubiertos de arena por dentro, imagino que zona española abandonada. Katz echa algunas fotos hasta que nos llaman la atención por partida doble… ¡no se pueden sacar fotos! ¡Ups!!!

293. Pano, Edificio abandonado junto a la playa, Tarfaya
296. Pano, Edificio abandonado junto a la playa, Tarfaya

Vemos la escultura en honor a Antoine de Saint Exupery, el escritor de “El Principito”, que vivió en esta zona y dicen que se inspiró en Tarfaya para escribir la tan famosa novela. Preguntamos si saben dónde está el museo, pero un señor nos señala al final de la playa, una casa que está bastante alejada, y el hambre aprieta, así que lo dejamos y vamos dirección al pueblo.

288. Monumento a Saint Exupery, Tarfaya
291. Monumento a Saint Exupery, Tarfaya

Los chavales y niños nos miran y se ríen, nos saludan.

De repente Katz se para riendo y me dice “mira”… ¡ahí está el museo!!! Llegamos a ir hasta la otra casa y me acuerdo de toda la familia del señor… Entramos en el museo, y aunque la entrada es barata (2 €), le digo a Katz que entre solo, pero el señor me deja pasar a mi también gratis. El museo es chiquitito pero está curioso, cuenta un poco la vida de Saint Exupery, con fotos de la época y esbozos originales de los primeros dibujos de El Principito.

Salimos y vamos directamente hacia la calle donde antes nos ha dejado el bus. Vamos mirando y buscando sitios para comer algo, pero está difícil la cosa.

En uno de los callejones hay una minivan que se ha chocado con un coche, todos ayudan a movilizarlos. Las charcuterías tienen su género expuesto fuera, en la calle.

Terminando casi la calle principal, encontramos uno que prepara bocadillos, así que le pedimos uno a compartir con una ración de patatas (2 €). Nos sentamos en una mesa fuera mientras lo prepara. No tiene pinta de que tengan mucha gente habitualmente. Hay muchas hormigas. Y muchos gatos.

Cuando nos traen el bocata de pavo no está tan mal, uno de los gatos come desde pan a pavo y patatas… vaya morro fino jeje

Bajamos la calle de nuevo para preguntar en la oficina de los buses la forma de llegar mañana a Sidi Ifni. El chico muy majo responde a una metralleta de preguntas y aún así no pierde la sonrisa ni la tranquilidad.

Se nos acerca otro chaval que habla con nosotros y nos dice que él es de Sidi Ifni, se muestra orgulloso de que queramos ir allí, y nos explica varias cosas de su ciudad.

Katz le pregunta si conoce aquí algún sitio donde poder cenar bocatas, pizza, kebab, o lo que sea… nos dice que si, que un amigo tiene un bar cerca, y se pone a andar con nosotros. Y ese bar que nos dice… ¡está siguiendo calle arriba en el que hemos estado antes! Nosotros pensábamos que la calle acababa ahí, pero un poco más adelante hay un par de bares más, uno de ellos el del amigo de este chaval. Es una gozada, está todo muy nuevo y moderno. Miramos la carta y elegimos una pizza a compartir, unas patatas, una botella de agua, y Katz se coge un bocata de kefta (5,50 €).

El chico se sienta con nosotros y se coge una hamburguesa. Nos enseña vídeos de su ciudad y alrededores, y cuando le queremos invitar no nos deja pagar su plato.

Nos despedimos pronto, que estamos cansados, y bajamos la calle hasta nuestro hotel.
¿Habrá tan buena sorpresa mañana?

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